Enfocándonos en los proveedores

La sostenibilidad en el Perú no puede quedarse en el “deber ser” sino que tiene que pasar al “poder hacer”.

Jorge Melo Vega Castro

Presidente en Responde

Fecha de publicación: agosto 21, 2025

Tiempo de lectura: 4 minutos

A veces, la verdadera sostenibilidad no se decide en la oficina del gerente general ni en la sala elegante de un comité, sino en un taller con techo de calamina, en una chacra de provincia o en el local de un proveedor que apenas logra cerrar el mes. Allí, en esos espacios menos visibles, se juega buena parte del impacto real de las grandes empresas.

En estos años de trabajo en sostenibilidad, hemos visto de cerca una realidad que no suele aparecer en los informes corporativos. Siempre destacamos que, en el Perú, las grandes empresas que manejan estándares internacionales son pocas y, en muchos casos, su relación con la sostenibilidad se vive como una carrera de cumplimiento y certificaciones. No está mal. Es necesario. Pero también es insuficiente. El impacto que de verdad cambia las cosas se produce cuando esas empresas logran que su cadena de proveedores se involucre en el proceso. Allí es donde adquiere contenido la sostenibilidad.

No es sencillo. Hemos estado con empresas en las que la expectativa inicial era que todos los proveedores cumplieran estándares ESG “desde mañana”. Y, claro, la respuesta de muchos era de desencanto. No por falta de interés, sino porque no tenían ni los recursos ni el conocimiento para llegar a esa meta. En un contexto de alta informalidad y márgenes ajustados, pedirle a un proveedor que implemente protocolos ambientales sofisticados sin darle apoyo es como pedirle que escale una montaña con las manos atadas.

Por eso, cuando hemos trabajado con empresas que entienden que la sostenibilidad en su cadena es un proceso gradual, el resultado es muy distinto. En lugar de imponer, se empieza acompañando.

Primero, lo básico: formalización, cumplimiento legal, prácticas laborales seguras. Luego, poco a poco, avanzar hacia estándares más ambiciosos. Ese camino no se recorre con discursos, sino con herramientas, capacitación y, sobre todo, incentivos claros.

Uno de los cambios más visibles ocurre cuando la empresa “tractora” ayuda a financiar esa transición. Hemos visto casos en que, con pronto pagos o contratos con plazos extendidos, permitieron modernizar procesos y maquinarias con equipos más eficientes. O acuerdos con bancos para ofrecer créditos a tasas preferenciales que, de otra forma, nunca hubieran sido posibles. Son pasos concretos, con incentivos económicos, que transforman más que cualquier manual de buenas intenciones o cualquier campaña de comunicación.

Y siempre está el factor de la visibilidad. Medir avances y reconocer públicamente a los proveedores que mejoran, genera un efecto contagio. Cuando uno de ellos recibe un premio interno, aparece en un reporte o es invitado a contar su experiencia, no solo se enorgullece, sino que también envía un mensaje al resto de la red: sí se puede avanzar, incluso en contextos difíciles.

Pero quizá la lección más potente viene de los esfuerzos colectivos. Cuando varias empresas de un mismo sector acuerdan trabajar con un estándar común y ofrecer capacitaciones conjuntas, los resultados se multiplican. La competencia se convierte en colaboración para elevar el piso mínimo, y eso beneficia a todos. Siempre recuerdo el caso emblemático de JV Resguardo y cómo transformó al sector de la seguridad privada a partir de buenas prácticas con sus colaboradores, lo que benefició a miles de trabajadores y cambió la percepción de un oficio que, hasta entonces, era sinónimo de precariedad.

La sostenibilidad en el Perú no puede quedarse en el “deber ser” que marcan los manuales internacionales. Tiene que pasar al “poder hacer” que reconoce dónde estamos y construye desde ahí. Porque si una gran empresa logra que decenas o cientos de sus proveedores mejoren, el impacto no se queda en un informe: se expande por talleres, comercios, campos o fábricas de todo el país. Ese es el poder transformador que no solo cambia empresas, sino que cambia realidades. Y en un país como el nuestro, eso es lo que más necesitamos.