Se estima que la industria del cemento representa cerca del 7% de las emisiones de CO₂ a nivel mundial. En el Perú, según el último Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero (GEI) con datos completos (2016), el sector “procesos industriales” aporta alrededor del 10% de las emisiones, con el cemento como actor central. Aunque en cifras absolutas su participación en el total nacional es cercana al 2%, su peso se multiplica por la intensidad de carbono del clínker, el insumo base.
El proceso tiene dos fuentes inevitables de emisiones: química, dado que la calcinación de caliza libera CO₂ directamente; y energética, porque los hornos —estos requieren temperaturas de aproximadamente 1,450° C— consumen combustibles fósiles como coque de petróleo, carbón o gas. En otras palabras, el cemento es un material “condenado” a emitir, salvo que se reconfigure todo su proceso productivo.
2050: La hoja de ruta global
En 2018 la Asociación Global de Cemento y Concreto (GCCA), que agrupa a las principales cementeras del mundo (entre ellas, las peruanas), asumió una hoja de ruta —Plan de Ambición Climática 2050— para alcanzar la carbononeutralidad, incluso, teniendo como meta inmediata reducir las emisiones hacia 2030 entre 20% y 25%. En ese sentido, las estrategias clave son las siguientes:
- Reducir el contenido de clínker mediante adiciones (puzolanas, escorias, caliza).
- Incrementar la eficiencia térmica y eléctrica en plantas.
- Sustituir combustibles fósiles por residuos sólidos procesados (CDR) y biomasa trazable.
- Usar electricidad renovable.
- Desarrollar proyectos de captura, uso y almacenamiento de carbono (CCUS).
- Promover compras públicas y diseño de infraestructura con cemento de baja huella.
Evidencias de avance en el mundo
Algunas multinacionales ya pasaron de los compromisos a los hechos. Este año, la alemana Heidelberg Materials inauguró en Noruega la planta Brevik, la primera en capturar y almacenar CO₂ a escala industrial en cemento, con capacidad de 400,000 toneladas al año. Su producto evoZero se comercializa como cemento con “emisión neta cero” vía captura, sin compensación externa. Por su parte, la mexicana Cemex redujo su intensidad de emisiones a 562 kg CO₂ por tonelada y su línea Vertua representa más del 60% de sus ventas. Además, sus objetivos de descarbonización 2030 y 2050 fueron validados por la iniciativa Science Based Targets (SBTi). Igualmente, la suiza Holcim tiene sus metas climáticas alineadas con 1.5° C y validadas por SBTi. Además, expandió sus portafolios ECOPact y ECOPlanet, que en 2024 sólo en México lograron mitigar 1.7 millones de toneladas de CO₂.
Lo anterior demuestra que la combinación de adiciones; combustibles alternativos; renovables; y captura y almacenamiento de carbono (CCS), ya no es teoría. Está en marcha.
Perú: promesas sin validación científica
En el Perú, los principales productores han trazado metas. Por ejemplo, Cementos Pacasmayo afirma que sus metas 2030 son reducir las emisiones de CO2eq por tonelada de cemento producido en 20%; reemplazar el 12% de los combustibles fósiles usados en sus actividades por combustibles alternos, y reducir el factor clínker cemento y el cemento en concreto.
Por su parte, Grupo UNACEM busca reducir sus emisiones a 500 kg CO₂ por tonelada en 2030, alineado a la hoja de ruta de la Federación Interamericana del Cemento. Además, señala en su Reporte Integrado 2024: “Simbolizamos nuestro compromiso con la emblemática flor de Amancay, flor de Lima y de nuestras lomas costeras, que cuidamos mediante la primera área de conservación privada de Lima, de más de 700 hectáreas ubicadas en Pachacámac, como parte de nuestro camino hacia la carbononeutralidad en el 2050”.
Y Cementos Yura, con el fin de reducir su huella de carbono, prioriza la incorporación de puzolana natural para disminuir el factor clínker-cemento y la valorización de combustibles alternativos.
Sin embargo, a la fecha, ninguna cementera peruana tiene objetivos con validación científica, lo cual se puede verificar en el Target Dashboard de la SBTi. Desde ya, esto implica una brecha frente a los líderes globales de la industria porque la validación científica es una condición para acceder a financiamiento verde, contratos de infraestructura y mercados exigentes en sostenibilidad.
En ese sentido, tres aspectos limitan hoy la competitividad climática de la industria peruana. Primero, la validación científica de metas: SBTi es el estándar global para probar que los compromisos de reducción están alineados con la ciencia del clima. Segundo, la escala en el uso de los residuos como combustibles: aunque existe regulación habilitante desde 2017, la implementación hoy es incipiente y tiene problemas de trazabilidad. Tercero, a diferencia de Europa, en el Perú no existen proyectos de captura de carbono en cartera ni en fase de prefactibilidad.
Entonces, la industria cementera peruana tiene ante sí un reto doble: transformar su modelo productivo, y demostrar con métricas verificables que sus avances son reales.
Si bien el cemento es insustituible para la infraestructura del Perú, también es una de las industrias más intensivas en emisiones. Por ello, la carbononeutralidad en el 2050 no será posible sin validación científica, trazabilidad pública y auditoría independiente de los indicadores clave: intensidad de CO₂, factor de clínker, sustitución térmica con residuos, energía renovable, portafolio bajo en carbono y proyectos CCUS.
En el mundo ya existen fábricas en operación que capturan CO₂ y producen cementos net zero en el mercado. En el Perú, el desafío es pasar de los anuncios voluntarios a los compromisos medibles. Porque sin cemento bajo en carbono, la infraestructura que se construya será parte del problema, no de la solución.