El mundo está acelerando a toda velocidad hacia la electrificación del transporte. En el 2025, uno de cada cinco autos nuevos vendidos globalmente es eléctrico, según la Agencia Internacional de Energía (IEA). China lidera cómodamente la carrera con más de 10 millones de unidades vendidas en el 2024, seguida de Europa y Estados Unidos, donde los subsidios federales y las regulaciones de emisiones están dando un fuerte impulso al mercado. Pero en América Latina, el panorama es otro: mientras el mundo pisa el acelerador, la región sigue buscando las llaves.
La fabricación y adopción de vehículos eléctricos ha crecido exponencialmente en la última década. Solo BYD fabricó 3.5 millones de eléctricos en el 2024, superando en volumen global a Tesla, que sigue fuerte en mercados premium. Europa avanza con la prohibición de autos a combustión a partir del 2035, mientras que Estados Unidos se apoya en su ambiciosa Ley de Reducción de la Inflación, que ya ha canalizado más de US$ 50,000 millones en infraestructura y producción de baterías.
Latinos a paso de tortuga
En contraste, América Latina representa actualmente menos del 2% de las ventas globales de autos eléctricos, según BloombergNEF. El problema no es solo el precio —aunque sigue siendo una barrera real para millones de usuarios— sino la falta de infraestructura de carga, incentivos fiscales débiles y políticas públicas inconsistentes.
Brasil lidera en la región con más de 90,000 vehículos eléctricos en circulación en el 2025, gracias a beneficios fiscales y ensambladoras locales como BYD. Por su parte, México ha superado las 55,000 unidades, apalancado por su integración al T-MEC y planes de electrificación de flotas públicas. Y un poco más atrás, Chile, pionero en flotas de buses eléctricos, ya cuenta con más de 30,000 vehículos eléctricos, y avanza con planes regulatorios ambiciosos.
En Colombia, el programa de incentivos tributarios y estrategias específicas liderado por el Ministerio de Transporte ha permitido alcanzar más de 10,000 vehículos eléctricos registrados. Y se estima que actualmente uno de cada diez carros nuevos en dicho país es eléctrico o híbrido, aunque tal proporción podría reducirse si persisten los obstáculos regulatorios por parte del actual Gobierno.
Por su parte, en el Perú, según la Asociación Automotriz del Perú (AAP), existen apenas 4,000 autos 100% eléctricos, pero unos 25,000 híbridos, aunque las ventas vienen creciendo en alrededor de 40% anual. En Bolivia, Paraguay y Ecuador, el vehículo eléctrico sigue siendo más una novedad tecnológica que una realidad urbana, en gran parte por la ausencia de infraestructura pública de carga: menos de 50 cargadores rápidos disponibles en cada país, según la CAF.
Un futuro aún sin mapa claro
La región no solo enfrenta una brecha tecnológica, sino también una falta de visión estratégica. En la mayoría de países, aún no existe una hoja de ruta nacional para electromovilidad, ni un marco normativo claro sobre interoperabilidad de cargadores, incentivos fiscales o estandarización de baterías.
“La transición hacia vehículos cero-emisiones no puede depender solo del mercado; se necesita planificación estatal, incentivos inteligentes y alianzas regionales”, advierte un informe del World Resources Institute (2024) sobre electrificación del transporte en el sur global.
Un partido que aún podemos jugar
El auto eléctrico ganó la batalla global indiscutiblemente. América Latina aún está en fase de calentamiento. Si el Perú quiere entrar a este partido, necesita visión, voluntad política y estrategia; tiene que decidir si quiere entrar… o sigue mirando los mundiales de fútbol por TV.