Era una ciudad de plástico, de esas que no quiero ver

“Plástico”, la canción de Rubén Blades criticaba en 1978 el materialismo y la frivolidad; hoy el plástico contamina el aire que respiramos, el agua que tomamos y los alimentos que ingerimos.

Fecha de publicación: septiembre 15, 2025

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La evidencia científica no ha hecho más que confirmar una gran preocupación: estamos expuestos a microplásticos y nanoplásticos en casi todos los entornos, incluidos alimentos, bebidas, aire y hasta en nuestros órganos internos.

Un estudio de WWF, realizado en 2019 por Dalberg Advisors y la Universidad de Newcastle (Australia), reveló que los seres humanos ingieren y respiran al menos 5 gramos de microplásticos por semana, el equivalente al peso de una tarjeta de crédito.

Cinco años después, una investigación de Xiang Zhao y Fengqi You, de la Universidad de Cornell, publicada en abril del 2024, muestra que el consumo de microplásticos se ha sextuplicado a nivel mundial desde 1990, con incrementos significativos en países asiáticos, africanos y norteamericanos. Al detectar estas partículas en la sangre, pulmones y leche materna, los científicos advierten que alteran el comportamiento celular en los órganos internos, provocando «plasticosis».

¿Dónde están los microplásticos?

El estudio de la Universidad de Newcastle indica que el agua potable es la principal fuente de ingestión y esta afirmación sigue vigente hasta la fecha. Sin embargo, investigaciones recientes revelan que el aire inhalado en los espacios cerrados, el polvo doméstico y los alimentos procesados también se han convertido en fuentes críticas.

El líquido elemento. El agua embotellada se promociona en el mundo como la esencia misma de la pureza. Sin embargo, una investigación global de Orb Media, coordinado con The State University of New York, analizó más de 250 botellas de 11 marcas y reveló contaminación de plástico en el 94% de la muestra, incluyendo el polipropileno, el nailon y el tereftalato de polietileno (PET). Incluso, otro estudio llevado a cabo en el 2017 por la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Minnesota reveló que el agua de grifo en todo el mundo también está contaminada.

Alimentos. Los investigadores de la Universidad de Cornell atribuyen la alta ingesta de microplásticos en los países del sudeste asiático a una dieta rica en mariscos. Por su parte, investigaciones de la Universidad de Hull (2022) encontraron microplásticos en todas las muestras de pescados y mariscos analizados en supermercados europeos.

La vida marina suele confundir el plástico con alimento, que posteriormente se acumula en sus cuerpos. Los peces y otras criaturas marinas representan el 70% de la exposición humana a partículas microplásticas, según el estudio de Zhao y You.

Aire. Si bien los microplásticos se asocian con mayor frecuencia al entorno marino y al consumo de mariscos, las partículas también pueden inhalarse ya que suelen provenir de la actividad urbana y la fabricación industrial. Estudios de la Universidad de Utrecht y Columbia University (2024) muestran que la exposición por inhalación de microplásticos en interiores es más alta que por ingestión en alimentos, bajo ciertas condiciones.

Sin embargo, el hallazgo más preocupante vino en el 2022, cuando investigadores de la Vrije Universiteit Amsterdam detectaron por primera vez microplásticos en muestras de sangre humana. En un 77% de los participantes se encontraron partículas de PET, poliestireno y polietileno. Además, en el 2023 un equipo de Columbia University halló microplásticos en los tejidos pulmonares de donantes fallecidos, mientras que en marzo del 2024 investigadores de Italia identificaron fragmentos de plástico en las placentas humanas, lo que plantea interrogantes sobre sus efectos en el desarrollo fetal.

¿Y la salud de los peruanos?

En el 2018, el Instituto del Mar del Perú (IMARPE) reportó la presencia de microplásticos en especies marinas comerciales como anchoveta, jurel y calamar. Sara Purca, investigadora de dicha institución, dijo que la contaminación es aún baja si se le compara con otras latitudes del mundo donde esta presencia es preocupante.

Estudios realizados por la PUCP y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos entre 2022 y 2023 hallaron presencia de microplásticos en las aguas del río Rímac y en sedimentos de la costa central, incluyendo zonas cercanas a plantas de tratamiento de aguas residuales.

Pese a estos hallazgos, el Perú no cuenta aún con normativas específicas sobre límites permitidos de microplásticos en alimentos, agua potable o aire, según reconoce la Dirección General de Salud Ambiental (DIGESA) en un informe técnico preliminar del 2024. Por su parte, el Ministerio de Salud (MINSA) aún no publica estudios clínicos propios sobre el impacto directo de los microplásticos en la salud peruana.

La evidencia acumulada permite concluir que la contaminación por plásticos dejó de ser solo un problema ambiental y ya convirtió en un tema de salud pública global.