El 28 de julio del 2025 la presidenta Dina Boluarte anunció la necesidad pública de declarar de interés nacional la recuperación integral del Rímac y que, para ello, se convocaría a una licitación internacional. Días después, el Decreto Supremo N.° 014-2025-MIDAGRI oficializó la decisión de restaurar la cuenca y que sería la Autoridad Nacional del Agua (ANA) el ente que liderará el proyecto, en coordinación con 26 municipalidades, tres gobiernos regionales y varios ministerios.
El horizonte de ejecución sería largo: hasta diez años. En el mejor escenario, Lima vería resultados tangibles recién hacia 2033 o 2035. Hasta ahora, un anuncio sin materialidad por parte de un Gobierno de salida y con 94% de desaprobación presidencial, según la última encuesta realizada por CPI.
El espejo extranjero: ríos como espacios públicos
En muchas ciudades europeas, los ríos son parte integral de la vida urbana. El Sena en París estructura el corazón histórico y cultural de la ciudad. El Danubio en Viena funciona como pulmón verde, con playas, ciclovías y festivales. El Moldava en Praga ofrece puentes icónicos y márgenes vibrantes de actividad turística.
En contraste, Lima ha vivido de espaldas al Rímac, convertido en un canal de desechos y frontera urbana. Según la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA), de todos los distritos que recorre este río, en Lurigancho Chosica se registra la mayor cantidad de fuentes contaminantes que afectan la Unidad Hidrográfica Rímac, con 187 fuentes contaminantes identificadas, de las cuales el 75% corresponde a aguas residuales domésticas.
Sin embargo, América del Sur ofrece ejemplos de transformación. El río Medellín en Colombia pasó por un plan de descontaminación y hoy forma parte de la movilidad urbana y el espacio público. El Mapocho en Santiago de Chile, tras décadas de degradación, ha visto programas de limpieza y recuperación de riberas. En Quito, el Machángara avanza con parques lineales y reforestación de quebradas. Estos procesos, largos y costosos, muestran que es posible convertir ríos urbanos en ejes de cohesión social.
Un río esencial, contaminado y olvidado
El Rímac es la mayor fuente de abastecimiento de agua potable en Lima y Callao, pero con sus más de 145 km de extensión figura entre los cursos de agua más degradados del país. El plan oficial contempla la restauración de ambas márgenes del río e incluye recuperación ecológica (para detener las fuentes de contaminación provocadas por residuos sólidos y desmontes arrojados de manera informal), mejoras en agua y saneamiento y valorización paisajística de las riberas. Al respecto, el jefe de la ANA, José Musayón, celebró la declaratoria gubernamental y sostuvo que “no se puede permitir que el río siga contaminado”.
Sin embargo, el problema mayor está aguas arriba. Al respecto, Yolanda Andía, gerenta de Producción y Distribución Primaria de Sedapal, ha advertido públicamente que el Rímac “desde que nace es agredido por actividades mineras y las mismas poblaciones”. Según la Red Muqui, existen más de 386 pasivos ambientales mineros con metales pesados que superan límites legales: plomo, cadmio, arsénico y aluminio. Son focos de contaminación más difíciles de remediar que los vertimientos urbanos. Ello sustentaría la necesidad de evaluar la situación en esta cuenca hidrográfica en forma integral, desde su nacimiento en el nevado Paca (provincia de Huarochirí) hasta su desembocadura en el Océano Pacífico (Callao).
Las estimaciones de costo reflejan la magnitud del reto. Proyecciones oficiales iniciales indicaban una inversión de más de US$ 1,000 millones, pero algunos cálculos de expertos estiman que ésta sería superior a US$ 3,000 millones, considerando los pasivos mineros en la cuenca alta.
La fragilidad institucional como limitante
La Red Muqui plantea declarar el Estado de Emergencia Ambiental en la cuenca del río Rímac, acelerar la remediación de pasivos provenientes de unidades mineras abandonadas y someter nuevos proyectos —como Ariana, de Alpayana, en Marcapomacocha— a evaluaciones estrictas. También sugiere análisis de metales pesados en la población y un sistema robusto de vigilancia sanitaria del agua.
El riesgo no es solo ambiental. La nula injerencia de la ANA en control regulatorio sobre pasivos ambientales mineros y la falta histórica de coordinación municipal amenazan con repetir la experiencia del polémico proyecto municipal “Río Verde”: grandes anuncios sin resultados.
El desafío de transformar una cloaca en patrimonio urbano
Por ahora, la hoja de ruta de la declaratoria es política y normativa. El proyecto estaría en fase de diseño y la licitación prevista para el 2026. Su éxito dependerá de perseverancia más allá de un solo Gobierno, de financiamiento sostenido y de una gobernanza capaz de coordinar a múltiples actores entre gobiernos locales y poblaciones afectadas.
Si prospera, el río Rímac dejará de ser la cloaca de Lima para convertirse en su columna vertebral verde. Si fracasa este nuevo proyecto, se sumará a la lista de promesas incumplidas. La diferencia radicará en pasar del discurso a la acción, con un enfoque en salud pública, sostenibilidad y planificación de largo plazo.