Durante años, el debate climático en infraestructura estuvo dominado por la mitigación: reducir emisiones, mejorar eficiencia energética y medir huellas de carbono. Hoy, sin abandonar ese frente, el foco se desplaza con rapidez hacia otro terreno más desafiante y concreto: la adaptación al cambio climático como condición para la continuidad operativa y la viabilidad financiera de los activos.
«Gran parte de la infraestructura de transporte fue diseñada bajo supuestos climáticos que han dejado de ser válidos»
Al respecto, el enfoque que gestiona el grupo francés VINCI refleja una tendencia que ya no es marginal. La premisa es clara: gran parte de la infraestructura de transporte fue diseñada bajo supuestos climáticos que han dejado de ser válidos. Persistir en esos supuestos incrementa riesgos técnicos, financieros y reputacionales.
VINCI está planteando la adaptación desde una lógica de gestión de riesgos. El punto de partida es el análisis de vulnerabilidad climática a nivel local, considerando variables como calor extremo, lluvias intensas, sequías o eventos combinados. A partir de ese diagnóstico, se ajustan criterios de diseño, materiales, sistemas de drenaje y protocolos de operación y mantenimiento. La adaptación deja de ser un concepto abstracto y se traduce en decisiones técnicas específicas.
«VINCI está planteando la adaptación desde una lógica de gestión de riesgos. El punto de partida es el análisis de vulnerabilidad climática a nivel local»
Sin embargo, este enfoque no es exclusivo de VINCI. Otras gestoras de infraestructura y grandes constructoras están avanzando en direcciones similares, con distintos grados de madurez.
Ferrovial, por ejemplo, ha incorporado el análisis de riesgos climáticos físicos en la gestión de autopistas y aeropuertos, especialmente en Europa y Estados Unidos, integrando estos riesgos en la planificación de inversiones y en el diálogo con aseguradoras.
ACS Group, a través de filiales como Hochtief y Cimic, está gestionando la resiliencia climática en grandes proyectos de transporte, particularmente en mercados que están expuestos a eventos extremos recurrentes.
En el Reino Unido y Norteamérica, Balfour Beatty utiliza escenarios climáticos futuros —no datos históricos— para el diseño de carreteras y ferrocarriles, incorporando soluciones basadas en la naturaleza para gestionar calor e inundaciones.
«Balfour Beatty utiliza escenarios climáticos futuros para el diseño de carreteras y ferrocarriles, incorporando soluciones basadas en la naturaleza»
Por su parte, Skanska integra la adaptación climática desde las etapas tempranas de planificación urbana, con énfasis en drenaje sostenible, gestión del agua y diseño térmico.
Otros operadores, como Abertis, han avanzado en el análisis de vulnerabilidad de las redes viales frente a lluvias intensas y olas de calor, ajustando planes de mantenimiento e inversión de largo plazo.
Más allá de las diferencias entre empresas, existe un patrón común:
- El reconocimiento de que el clima histórico ya no es una referencia técnica confiable.
- La integración del riesgo climático en decisiones financieras, contractuales y de gobernanza.
- La creciente incorporación de soluciones basadas en la naturaleza como complemento —y en algunos casos alternativa— a la infraestructura tradicional.
- La convicción de que la resiliencia se define en la fase de diseño, y no como una respuesta posterior a la crisis.
«Anticipar el impacto del cambio climático permite proteger activos, reducir interrupciones y sostener la confianza»
En este contexto, la adaptación climática se está consolidando como un nuevo estándar de buena gestión de infraestructura. Para gestores, inversionistas y reguladores, el mensaje es consistente: la falta de adaptación no es neutral, acumula riesgos. En contraste, anticipar el impacto del cambio climático permite proteger activos, reducir interrupciones y sostener la confianza de usuarios y autoridades.
La infraestructura del futuro no se definirá solo por su escala o tecnología, sino por la capacidad de operar en un entorno climático crecientemente incierto. En ese escenario, adaptarse ya no es una ventaja competitiva: es el umbral mínimo para seguir operando y eso es algo que las empresas peruanas tienen ya que poner en agenda.