S&P Global Sustainability Yearbook 2026 evalúa desempeño ESG de empresas globales
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The Sustainability Yearbook 2026: una lección de realismo corporativo

El reciente anuario de S&P Global muestra que la sostenibilidad no se mide por la ausencia de crisis, sino por la solidez de la gobernanza, la gestión de riesgos y la evidencia auditable de desempeño ESG.

Lis Maldonado_S&P Global Sustainability Yearbook 2026 evalúa desempeño ESG de empresas globales

Lis Maldonado

Consultora en sostenibilidad y comunicación responsable

Fecha de publicación: marzo 5, 2026

Tiempo de lectura: 5 minutos

Al publicarse el The Sustainability Yearbook 2026 de S&P Global, mi primera reacción fue buscar a Panamá. Aparece, sí, pero bajo un matiz que nos obliga a reflexionar, pues figura con una empresa cuya operación es puramente peruana, pero su domicilio es legalmente panameño: InRetail.

Como buena peruana, me detuve en un punto crítico: ¿cómo logra InRetail mantenerse en este prestigioso ranking tras la crisis del colapso en el patio de comidas de Real Plaza Trujillo en 2025?

Tras investigar la metodología oficial, la respuesta es puramente técnica y reside en la arquitectura del Corporate Sustainability Assessment (CSA). El sistema no se basa en la reputación -que es lo que vemos y sobre lo que todos podemos opinar-, sino en la capacidad de respuesta. A través del Media and Stakeholder Analysis (MSA), S&P monitorea las crisis en tiempo real; es decir, puede “castigar” el puntaje en el pilar de Seguridad, sí, pero no activa una exclusión automática si la gobernanza demuestra una mitigación robusta y documentada.

«La sostenibilidad no se define por la ausencia de incidentes, sino por la solidez del sistema que los gestiona»

InRetail permanece en el anuario porque, a pesar del impacto en un criterio específico, su desempeño consolidado en los cientos de puntos de datos que integran la evaluación -desde ética fiscal hasta gestión hídrica – sigue superando el exigente percentil del Top 15% mundial. Para mí ha sido una lección de realismo corporativo: la sostenibilidad no se define por la ausencia de incidentes -porque en cualquier sector se van a dar-, sino por la solidez del sistema que los gestiona.

El espejismo de la confianza

En nuestro país algo se rompió hace mucho en la relación entre las personas y las instituciones, e incluso entre nosotros mismos. El Barómetro de Confianza de Edelman 2026 lo dice claro: vivimos en sociedades de confianza insular, donde desconfiamos de lo lejano y nos refugiamos en lo cercano. En el Perú, esta lectura global tiene un reflejo crítico. Vivimos una fragmentación donde lo que sucede en los directorios de San Isidro parece desconectado de las expectativas y necesidades de las regiones. Esa distancia no hace más que aumentar la desconfianza.

«La narrativa bonita sin sustento ni gestión de riesgos se cae ante la primera crisis»

La empresa tiene una oportunidad poco discutida: ser el “Trust Broker” -como indica Edelman- o intermediario de confianza. Ante la fragilidad institucional, el sector privado es hoy uno de los actores con mejor valoración e influencia. Pero ojo, este rol no se gana con marketing, sino con rigurosidad técnica. La narrativa bonita sin sustento ni gestión de riesgos se cae ante la primera crisis.

La ruta hacia la rigurosidad

El Perú cuenta con empresas operativas locales en el famoso Yearbook que han superado la valla del Top 15% mundial. Sin embargo, que grandes nombres del sistema financiero local no figuren este año nos confirma que el CSA es una competencia de alto rendimiento.

«No se trata de que las empresas sustituyan al Estado. Se trata de reconocer que, en un país fragmentado, cada decisión empresarial envía una señal»

Para que el Perú crezca en este ranking, la ruta nos exige tres movimientos estratégicos:

  1. Sostenibilidad sin CFO es solo RRPP. La doble materialidad es el filtro de verdad. S&P ya califica si entiendes cómo el cambio climático afecta tus estados financieros. Si el CFO y el gerente de riesgos no están en la mesa de sostenibilidad, el puntaje no subirá.
  2. Alcance 3 como gestión de resiliencia. Medir la huella de los proveedores o la cartera de préstamos es complejo, pero es ahí donde se gana la confianza del inversionista global. La cadena de valor no se vigila, se acompaña; sin ella, no lograremos mover las métricas.
  3. Gobernanza y data auditable. En tiempos de desconfianza, lo que no se demuestra, debilita. Los estándares SASB y GRI son la base, pero el reporte debe ser el resultado de la gestión, no su sustituto.

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No se trata de que las empresas sustituyan al Estado. Se trata de reconocer que, en un país fragmentado, cada decisión empresarial envía una señal. Los criterios ESG dejan de ser un marco técnico para convertirse en una guía práctica para reconstruir el tejido social.

Integrar estas dimensiones en la toma de decisiones diarias es la forma más concreta de responder al momento actual: actuar con la convicción de que la empresa es, y debe ser, parte activa de nuestro futuro común.