El lunes 10 inició la COP30 con un llamado urgente a la aceleración de la acción climática global y un enfoque en la justicia climática.
La elección de Belém, en la desembocadura del Amazonas, sirvió como un recordatorio constante de la necesidad de proteger la naturaleza y de abordar la crisis climática como una cuestión de desigualdad.
Una COP puede parecer desbordante a veces, entre pasillos, gente con mochilas y maletines corriendo de una sala a otra; activistas buscando ser oídos en los pabellones azul y verde en los side events, reuniones bilaterales que ocasionalmente culminan con acuerdos, lanzamientos de soluciones nuevas que nos van a apoyar en la descarbonización o la resiliencia.
Hay muy poco tiempo y espacio para concentrarse en todas las actividades de la agenda en las que necesitamos participar, escoger del menú de opciones entre eventos y conferencias de prensa. Así, uno se da cuenta que se necesitan muchos días que duren más de 24 horas.
Un balde de agua fría
La jornada de apertura estuvo marcada por discursos que, si bien reconocieron los avances logrados desde el Acuerdo de París, hicieron hincapié en la insuficiencia del ritmo actual para evitar un calentamiento catastrófico.
Al respecto, el secretario ejecutivo de la ONU para el Cambio Climático, Simon Stiell, subrayó que, si bien el Acuerdo de París ha demostrado ser un marco de cooperación global funcional, el progreso en la acción climática debe ser “más rápido y más justo“ para todos. La dirección del camino está fijada, pero existe una “seria necesidad de velocidad”. Necesitamos acelerar la descarbonización, que todas las voces, no solo hablemos, sino también actuemos con la finalidad de escalar la resiliencia, si es que queremos seguir prolongando nuestra existencia como humanidad.
A su turno, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, centró su discurso en el concepto de que la emergencia climática es una crisis de desigualdad que profundiza las asimetrías entre el Norte y el Sur Global. Lula fue contundente al criticar a los negacionistas del cambio climático, declarando que la COP30 debe ser la “COP de la verdad” y que es momento de “imponer una nueva derrota a los oscurantistas” que atacan la ciencia y las instituciones. Además de apelar al cumplimiento de los compromisos de financiación y de las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC).
Lo que importa
El objetivo de la COP30 en Belém es impulsar la cooperación y conectar la acción climática con la economía real y las vidas cotidianas de miles de millones de personas. El principal obstáculo identificado para esta aceleración es la financiación. En este sentido, la presentación de la Hoja de Ruta de Bakú a Belém, que busca movilizar US$ 1,300 millones anuales para el mundo en desarrollo, es crucial, ya que desbloquea múltiples beneficios como empleos, mejor salud y seguridad energética. Belém también nos enfrenta con la realidad y nos susurra que en esta lucha, nadie debe quedar atrás.
Esta historia continuará…
(Con el apoyo de Berioska Quispe, desde Belém do Pará)
