¿Por qué el mundo no está cumpliendo la meta de triplicar renovables al 2030?

La transición energética está ocurriendo, pero demasiado lento para evitar los impactos irreversibles que ya se proyectan: los cuellos de botella no son tecnológicos, sino estructurales.

Fecha de publicación: noviembre 19, 2025

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El último informe conjunto de la International Renewables Energy Agency (IRENA) y la Presidencia de la COP30 establece el número clave: para alcanzar los 11,200 GW de capacidad renovable en el 2030, el mundo debe instalar anualmente 1,122 GW desde este 2025, casi el doble del mejor año histórico. El crecimiento actual se mantiene en torno al 12% anual, pero el objetivo requiere 16.6%, una diferencia que altera completamente la curva de despliegue.

¿Por qué no se triplica la velocidad? Los datos apuntan a cuatro causas centrales:

  1. Concentración geográfica extrema. China representó más del 60% de todas las nuevas renovables en el 2024. Europa y EE.UU. avanzan, pero África —con el 20% de la población mundial— solo concentra el 2% de la capacidad instalada, según el reporte African Renewable Outlook 2024, de IRENA. Esto genera un déficit estructural: la meta global no se cumple si regiones enteras quedan rezagadas por falta de inversión, infraestructura y marcos regulatorios.
  2. Retrasos en redes eléctricas. La International Energy Agency (IEA) estima que más de 3,000 GW de proyectos renovables están “en cola” globalmente, esperando conexión a redes congestionadas o insuficientes. La infraestructura eléctrica mundial crece a un ritmo menor que la generación renovable, generando cuellos de botella que pueden retrasar entre 3 y 5 años la entrada en operación de proyectos listos para construir.
  3. Inversión insuficiente y mal distribuida. En el 2024, la inversión global en renovables fue US$ 624,000 millones, según BloombergNEF. Sin embargo, para cumplir la meta de triplicar capacidad, se necesitan US$ 1,400,000 millones anuales durante la segunda mitad de la década. La brecha supera los US$ 700,000 millones por año. El problema no es falta de capital, sino falta de mecanismos que reduzcan riesgo en países emergentes, donde los costos financieros pueden duplicar los de países desarrollados.
  4. Dependencia persistente de combustibles fósiles. Pese al crecimiento renovable, la IEA proyecta que el gas continuará expandiéndose en Asia y que el petróleo seguirá siendo dominante en el transporte pesado hasta la década del 2030. Asimismo, el consumo global de combustibles fósiles recién se estabilizaría hacia el 2030, pero sin una reducción pronunciada. Esto resta incentivos a la inversión acelerada en energía limpia.

El secretario general de la ONU, António Guterres, lo expresó con claridad: “Los récords no alcanzan para mantener vivo el 1.5º C”.

Detrás del crecimiento renovable existe un riesgo: confundir expansión con suficiencia. La curva actual no compensa la demanda energética mundial, que crece alrededor del 3% anual, impulsada por urbanización, digitalización y expansión industrial.

El Perú ilustra la desconexión entre potencial y acción. Pese a tener algunos de los costos solares más competitivos de la región, las subastas de energías renovables llevan casi una década detenidas. El país sigue dependiendo del gas natural y no tiene una hoja de ruta que permita atraer inversiones a escala comparable con Chile o Brasil. Esta brecha institucional replica, en pequeña escala, el problema global.