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Ilustración: Open AI

Talento y gobernanza: empresas a la caza de tecnócratas que conocen la gestión pública

Análisis de Sustenia reveló que el sector corporativo peruano está reclutando tecnócratas con experiencia ministerial y sólida formación académica, claves para la gobernanza corporativa y la gestión del riesgo y la sostenibilidad.

Fecha de publicación: enero 8, 2026

Tiempo de lectura: 6 minutos

En el imaginario público peruano, la “puerta giratoria” suele representarse como un tránsito directo del Consejo de Ministros a los directorios empresariales. “Trampolín a la fama”, pues se trata de un salto casi automático: del poder político al corporativo, sin escalas. Sin embargo, eso es solo un sueño.

La evidencia reciente muestra algo distinto —y más revelador—. El poder corporativo no privilegia al exministro mediático, sino que está a la búsqueda del tecnócrata con conocimiento profundo del Estado, formación económica sólida y baja exposición política.

«El poder corporativo privilegia al tecnócrata con conocimiento profundo del Estado»

Los casos comprobables son pocos, pero consistentes. A continuación, Sustenia comparte las experiencias de cinco de estos perfiles:

Una profesional todo terreno

Nuria Esparch Fernández, exministra de Defensa y expresidenta de la Autoridad Nacional del Servicio Civil (SERVIR), es hoy gerente sénior de Relaciones Institucionales en Southern Peru Copper Corporation. Su rol está lejos de ser ornamental. Se ubica en el núcleo de la gestión del riesgo político, territorial y regulatorio de una de las mineras más relevantes del país. “Los profesionales que provienen del sector público son claves para diseñar estrategias institucionales que generen credibilidad y una gestión eficaz del riesgo político y regulatorio”, explicó Esparch a Sustenia.

Una ejecutiva polifuncional

Un caso similar es el de Claudia Cooper Fort, exministra de Economía y Finanzas y hoy vicepresidenta de Sostenibilidad y Asuntos Externos de Compañía Minera Antamina. No ocupa un asiento en el Directorio, sino una posición ejecutiva desde la cual se gestionan comunidades, agenda ESG y relación con el Estado. Para la empresa, la lógica es funcional: conocimiento fiscal, regulatorio y político aplicado directamente a la operación extractiva y a su licencia social para operar.

El expremier articulador

El recorrido de Fernando Zavala Lombardi ilustra otra arista del fenómeno. Antes de llegar al Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y a la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM). Fue gerente general del Instituto Nacional de Defensa del Consumidor y la Propiedad Intelectual (INDECOPI), una de las instituciones técnicas más relevantes del Estado.

Su trayectoria profesional combina sector público y privado: pasó por el Grupo Backus–SABMiller, lideró operaciones regionales y regresó al Perú como CEO de Backus antes de volver al Estado como Presidente del Consejo de Ministros. Desde el 2019 dirige Intercorp. Su valor corporativo no radica únicamente en haber sido ministro o premier, sino en su capacidad para operar regulación, competencia y política pública con precisión técnica.

Del MEF a la innovación social

El patrón se refuerza al observar a María Antonieta Alva Luperdi, exministra de Economía y Finanzas, hoy vinculada a Credicorp como gerente de Innovación Social. Alva no ha transitado hacia un rol de poder corporativo tradicional ni a un Directorio, sino hacia un espacio donde se cruzan finanzas, política pública y sostenibilidad.

Su perfil, luego de haber realizado línea de carrera en el MEF y posteriormente en la suiza Acasus, refleja otra preferencia empresarial: cuadros con legitimidad técnica y experiencia fiscal para fortalecer marcos de gobernanza, más que figuras políticas de alto voltaje.

«Ese recorrido por la arquitectura interna del Estado resulta más valioso que un cargo político de alta visibilidad»

Todo por la sostenibilidad

Aún más ilustrativo es lo que ocurre fuera del rango ministerial. Jorge Arrunátegui Gadea no fue ministro, pero sí viceministro en varios sectores, secretario general de la PCM y presidente de SERVIR. Hoy es gerente de Sostenibilidad del Banco de Crédito BCP. Para una corporación sistémica, ese recorrido por la arquitectura interna del Estado —reforma del servicio civil incluida— resulta más valioso que un cargo político de alta visibilidad.

Trabajé por casi veinte años en gestión pública, siempre en el nivel de gobierno central en proyectos y políticas de alcance nacional. Eso me ha acostumbrado a pensar en decisiones que generen valor público, que tengan impacto positivo en las personas y que anticipen y gestionen los impactos negativos. Traer esa mirada de país y de valor público a la conversación corporativa, enriquece y reta el enfoque convencional de las decisiones de negocio”, explicó Arrunátegui.

Mucho en común

La formación académica refuerza esta lógica. Zavala, Alva y Cooper fueron formados en Economía en la Universidad del Pacífico, tradicional cantera de profesionales orientados a política pública, regulación y gestión macroeconómica. Esparch y Arrunátegui, en cambio, provienen de la Pontificia Universidad Católica del Perú, aunque la primera graduada como abogada y el segundo como economista. Ambos acarrean trayectorias más ligadas a gobernanza, reforma institucional y gestión del aparato estatal. No es una distinción ideológica, sino funcional.

«El poder corporativo peruano prefiere operadores del Estado antes que figuras políticas, experiencia antes que improvisación»

Un elemento adicional aparece de forma consistente: una maestría en el extranjero, pero en reconocidas universidades de EE.UU. o Inglaterra. Además, con excepción de Alva Luperdi, el paso temprano por las canteras del recordado Grupo Apoyo —Apoyo Publicaciones, Apoyo S.A. o el Instituto Apoyo— como espacios de formación técnica, analítica y de comprensión del Estado no es una simple coincidencia. En estos casos, la puerta giratoria no empieza en el ministerio, sino mucho antes, en entornos donde se aprende a leer datos, instituciones y poder con rigor.

En contraste, la mayoría de exministros recientes ha optado por continuar su carrera en organismos multilaterales, academia o consultoría internacional. El salto directo a las empresas privadas relevantes es excepcional, no la regla. No todos tienen las calificaciones necesarias y suficientes para desempeñar posiciones estratégicas en grandes corporaciones o grupos empresariales.

El mensaje implícito para los exministros es claro: el poder corporativo peruano prefiere operadores del Estado antes que figuras políticas, técnicos antes que símbolos, experiencia antes que improvisación. Y no todos tienen las competencias —ni el perfil— para asumir posiciones estratégicas en grandes corporaciones.

«El activo más valioso no es el titular de la prensa sino la capacidad de anticipar, traducir y gestionar al sector público»

La verdad incómoda

En el Perú, la influencia no se ejerce desde el cargo más visible, sino desde el conocimiento profundo de cómo funciona el Estado por dentro. Para las empresas peruanas que están expuestas al conflicto social, a la presión regulatoria y al escrutinio ESG, el activo más valioso no es el titular de la prensa, radio o televisión, menos el ruido en las redes sociales, sino la capacidad de anticipar, traducir y gestionar al sector público. Esa, y no otra, es hoy una real preferencia del poder corporativo.