El proyecto minero Corani, de la empresa Bear Creek Mining, viene implementando un modelo de desarrollo territorial en las gélidas alturas de la provincia de Carabaya, Puno, enfocado en la mitigación de riesgos sociales y ambientales mediante el fortalecimiento de la cadena de valor de los camélidos sudamericanos.
La iniciativa privada articula una política de sostenibilidad tripartita que integra al gobierno local de Corani y a las comunidades de Chacaconiza y Quelcaya, sentando las bases para una minería con verdadero valor compartido.
La minera ha asumido un rol de socio tecnológico clave mediante el financiamiento del Centro de Investigación de Alpacas y el equipamiento textil de última generación del Centro de Innovación Tecnológica (CTIC).
De hecho, el éxito de este ecosistema productivo radica en el sólido compromiso del gobierno local de Corani y la participación activa de las comunidades organizadas. En ese sentido, la municipalidad distrital ha liderado la gestión del territorio y el respaldo institucional necesarios para blindar el hato alpaquero frente a las severas anomalías climáticas de la región, promoviendo la formalización de cadenas productivas.
Por su parte, los comuneros, integrados en la empresa comunal de comercio justo Quechua Alpaca —impulsada fuertemente por mujeres artesanas locales—, han adoptado rigurosas técnicas de mejora genética y sanidad animal, logrando obtener una de las fibras más finas del mundo.
Esta sinergia tripartita ha permitido dar el gran salto de la venta de materia prima en bruto hacia la industrialización y la alta tecnología textil a más de 4,800 metros sobre el nivel del mar. Gracias a la innovación del CTIC, las comunidades locales procesan hoy hilos de alpaca con nanopartículas de plata y fabrican pellets ecológicos de alta densidad energética para calefacción basados en la economía circular.
Desde la perspectiva de la materialidad, este ecosistema productivo diversifica la economía local antes del inicio de las fases constructivas del megaproyecto minero. Y lo hace respetando y potenciando la principal actividad económica e identidad cultural de las poblaciones de Chacaconiza y Quelcaya. Así, mientras el proyecto avanza, el programa alpaquero se erige como un motor económico autónomo y un referente global de cómo la minería formal, las autoridades y la población pueden convivir y prosperar combatiendo la pobreza.