Durante décadas, el mar ha sido tratado como un activo invisible. Sin embargo, este ya empezó a entrar en el radar del capital por necesidad y no por conciencia. Porque sin océanos funcionales, no hay cadenas de suministro, ni seguridad alimentaria, ni estabilidad climática.
Y el mercado ya lo entendió.
«Las finanzas azules son el intento del sistema financiero de convertir la salud del océano en una variable económica rentable y financiable»
Una evolución natural
Las finanzas azules son la evolución natural de las finanzas verdes pero con foco en el océano y el agua. Es capital que se moviliza para ganar dinero sin destruir el mar. No es un tema marginal: es uno de los próximos campos de batalla del financiamiento climático.
Si bien los bonos azules se inspiran en los bonos verdes, que han experimentado un crecimiento extraordinario desde 2007, cuando el Banco Europeo de Inversiones emitió el primer Bono de Concienciación Climática del mundo, la OECD estima que las emisiones de bonos verdes (de todos los emisores) totalizaron más de US$ 870,000 millones en 2023. Y allí, el mercado de bonos azules representa una pequeña fracción de esta cifra.
Al respecto, la OECD estima que en 2023 la emisión total de bonos azules alcanzó los US$ 6,800 millones pero con el 60% de todos los bonos azules emitidos ese mismo año.
«Las finanzas azules van a estandarizarse, exigir trazabilidad, penalizar el greenwashing… o mejor dicho, el bluewashing»
De lo conceptual al dinero real
Las finanzas azules no son abstractas y garantizan la inversión en activos concretos como acceso al agua limpia, tratamiento de aguas residuales, reducción de plásticos en océanos, pesca certificada, protección de ecosistemas marinos, restauración de manglares (carbono azul), transporte marítimo sostenible, energías renovables marinas, infraestructura costera resiliente, entre otros.
En términos financieros, son proyectos que combinan retornos estables con reducción de riesgos sistémicos. Y aquí está la clave: el océano ya no es solo un tema ambiental. Es un riesgo financiero material.
La tendencia es clara: el capital ya encontró una nueva frontera. Y los casos concretos no son menores.
- En octubre de 2018, la República de Seychelles emitió el primer bono azul soberano del mundo. Este instrumento pionero recaudó US$ 15 millones de tres inversionistas (Calvert Impact Capital, Nuveen y Prudential Financial). El Banco Mundial actuó como estructurador y colocador del bono azul.
- En 2022 el Banco Internacional de Ecuador se convirtió en el primero de su tipo en la región en realizar una emisión de bonos azules. La emisión contó con el respaldo de la International Finance Corporation (IFC).
- En junio de 2023 el Banco Asiático de Desarrollo (BAD) firmó un préstamo azul de US$ 44.2 millones con PT ALBA Tridi Plastics Recycling Indonesia, una empresa del Grupo ALBA Asia, para desarrollar un proyecto de planta de reciclaje de tereftalato de polietileno (PET) en Java Central.
- En junio de 2025 la CAF emitió su primer bono azul, recaudando 100 M€ (millones de euros) a cinco años para financiar el desarrollo costero sostenible y resiliente al clima en toda América Latina y el Caribe. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) respaldó esta emisión, la cual fue estructurada por BNP Paribas.
- En octubre de 2025, el Banco del Estado de Chile colocó un bono azul en el mercado suizo por 100 MFr (millones de francos suizos) a un plazo de cinco años. Los fondos captados serán destinados a financiar proyectos vinculados a pesca sostenible, gestión sostenible del agua y aguas residuales, y ecosistemas costeros.
La oportunidad abierta
América Latina tiene ventajas estructurales: amplias costas, alta biodiversidad y economías dependientes del mar. Pero también un problema: subinversión crónica.
Y ahí aparece la oportunidad. Por ejemplo, en septiembre de 2024, Cofide, banco de desarrollo peruano, colocó su primer Bono Azul -además fue el primero en emitirse enel país-, alcanzando la suscripción de S/ 100 millones a un plazo de 1 año. ¿Su objetivo? Financiar proyectos que mejoren el acceso a agua potable y saneamiento, beneficiando directamente a miles de peruanos en zonas rurales y periurbanas.
En octubre del año pasado, emitió su segundo Bono Azul por S/ 120 millones, también a un plazo de un año y para seguir financiando microcréditos para obras de acceso a agua y saneamiento, gracias a una alianza con la Federación Peruana de Cajas Municipales de Ahorro y Crédito (FEPCMAC) y Water.org, en beneficio de familias de zonas rurales y periurbanas del país.
Y si, en general, el mercado de bonos azules crece al ritmo de los bonos verdes, el primero podría alcanzar los US$ 14,000 millones anuales hacia 2030. Por su parte, América del Sur no solo puede participar, puede liderar.
«Así como ocurrió con los bonos verdes y el disclosure climático, el océano es el “nuevo bosque”. Y después del carbono forestal, el siguiente gran activo climático es el carbono azul»
La línea de fondo
Las finanzas azules no son una tendencia. Son una señal. Y el sistema financiero está empezando a ponerle precio al océano.
Y cuando el capital empieza a medir algo, ese algo deja de ser invisible.