Durante décadas, la política ambiental peruana ha oscilado entre dos extremos: reaccionar cuando ocurre el desastre o detener inversiones en nombre de la protección ambiental.
El primer mensaje presidencial de Keiko Fujimori intenta romper parcialmente esa lógica, al reconocer que el cambio climático ya no es una amenaza futura sino un problema que destruye cultivos, aísla poblaciones y profundiza la pobreza.
Sin embargo, ese reconocimiento no se traduce todavía en una estrategia integral de sostenibilidad.
La dimensión ambiental del discurso está construida casi exclusivamente alrededor de la adaptación climática. El Gobierno propone acelerar la descolmatación de ríos, construir defensas ribereñas, proteger cuencas, desplegar maquinaria en zonas críticas e implementar sistemas logísticos para garantizar agua, alimentos y medicinas durante las emergencias. También anuncia asistencia financiera y técnica para los agricultores afectados por eventos climáticos extremos.
«La dimensión ambiental del discurso está construida casi exclusivamente alrededor de la adaptación climática»
El cambio más relevante no está en las obras anunciadas, sino en el enfoque. La presidenta sostiene que el país debe abandonar la reacción tardía para pasar a una política de prevención. En un contexto donde el Fenómeno El Niño se ha convertido en uno de los principales riesgos económicos y sociales del Perú, ese giro representa un avance respecto de la gestión tradicional basada en la reconstrucción posterior a los desastres.
Sin embargo, la agenda ambiental prácticamente termina allí.

El discurso no desarrolla una estrategia de descarbonización, no menciona la transición energética ni incorpora referencias a las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), instrumento mediante el cual el Perú ha asumido compromisos internacionales para reducir emisiones de gases de efecto invernadero.
«El discurso de Fujimori no desarrolló una estrategia de descarbonización ni mencionó la transición energética»
Tampoco aparecen conceptos que hoy forman parte de la agenda competitiva global, como hidrógeno verde, electromovilidad, eficiencia energética, mercados de carbono, financiamiento climático o economía circular.
Esta ausencia adquiere mayor relevancia porque el propio mensaje anuncia una expansión significativa de infraestructura vial, ferroviaria, portuaria e hidráulica. La construcción de nuevas carreteras, metros, puertos, presas y sistemas de riego puede impulsar el crecimiento económico, pero el discurso no explica bajo qué criterios ambientales se diseñarán, ejecutarán y operarán esas inversiones.
«La sostenibilidad de la infraestructura no depende únicamente de cuánto se construya, sino también de cómo se construya»

Lo que dijo Fujimori
El mensaje presidencial incorpora cinco compromisos ambientales explícitos:
- Reconocer el cambio climático como una amenaza actual para el desarrollo nacional.
- Implementar un plan preventivo frente al Fenómeno El Niño.
- Proteger cuencas y ejecutar infraestructura para reducir riesgos.
- Ampliar la infraestructura de agua potable, saneamiento y riego.
- Brindar apoyo técnico y financiero a los agricultores afectados por eventos climáticos.
Todos estos anuncios fortalecen la capacidad de adaptación del país frente a eventos extremos y reconocen que la resiliencia climática debe formar parte de la gestión pública.
Lo que el discurso no desarrolló
La agenda ambiental queda incompleta porque no incorpora los principales motores de transformación que hoy definen la competitividad de las economías.
No existen referencias a reducción de emisiones, transición energética, conservación de biodiversidad, restauración de ecosistemas, economía circular, compras públicas sostenibles, innovación verde ni financiamiento climático. Tampoco se presentan metas ambientales verificables, indicadores de desempeño o mecanismos para integrar el riesgo climático en la inversión pública.
«El discurso de Fujimori olvidó los impactos ambientales que genera la minería ilegal»
La minería ilegal constituye otro ejemplo de esta mirada parcial. El discurso la aborda principalmente como un problema de seguridad y criminalidad organizada, proponiendo recuperar el control territorial y desarticular sus estructuras económicas. Sin embargo, no desarrolla sus impactos ambientales sobre bosques amazónicos, recursos hídricos, biodiversidad o contaminación por mercurio, aspectos que explican buena parte de los costos sociales y económicos asociados a esta actividad.

Algo similar ocurre con el agua. La propuesta gubernamental prioriza ampliar la infraestructura mediante presas, canales, plantas de tratamiento y sistemas de distribución, pero no incorpora una política de gestión integral del recurso. Conceptos como eficiencia hídrica, reducción de pérdidas, reúso de aguas residuales, huella hídrica o gobernanza de cuencas permanecen fuera del mensaje, pese a que serán determinantes para sectores como minería, agroexportación, energía e industria.
«Conceptos como eficiencia hídrica, reducción de pérdidas, reúso de aguas residuales, huella hídrica o gobernanza de cuencas quedaron fuera del mensaje presidencial de 28 de julio»
En conjunto, el discurso transmite una visión donde la sostenibilidad ambiental se entiende principalmente como capacidad para resistir eventos climáticos, más que como una oportunidad para transformar el modelo de desarrollo.
Esa diferencia no es menor. La adaptación protege al país frente a los impactos del cambio climático; la transición ecológica redefine la forma de producir, invertir y competir.
El primer mensaje presidencial avanza en la primera dimensión, pero deja prácticamente sin desarrollar la segunda. La consecuencia es una agenda ambiental orientada a gestionar riesgos inmediatos, aunque todavía distante de la transformación productiva que hoy demandan los mercados internacionales, los inversionistas y los compromisos climáticos asumidos por el Perú.

El veredicto ambiental
Desde una perspectiva ESG, la dimensión ambiental constituye el componente menos desarrollado del primer mensaje presidencial de Keiko Fujimori.
El nuevo Gobierno reconoce el cambio climático, fortalece la adaptación y prioriza la infraestructura para reducir vulnerabilidades. Sin embargo, aún no presenta una hoja de ruta para la descarbonización, la conservación del capital natural o la incorporación sistemática de criterios ambientales en la política económica y la inversión pública.
El resultado es una agenda que mejora la resiliencia frente a las emergencias, pero que todavía no configura para la flamante Presidenta de la República una estrategia integral de sostenibilidad para el próximo quinquenio.