Investigadores realizan muestreo de suelo para analizar el carbono azul en los manglares de Tumbes, Perú.
Foto: Sostenible Hoy

Carbono azul: el reto ESG de invertir en los manglares de Tumbes

El primer proyecto peruano de carbono azul abre una oportunidad para las finanzas sostenibles. El desafío ahora es convertir el patrimonio natural en inversión con gobernanza, seguridad jurídica y beneficios compartidos.

Fecha de publicación: agosto 13, 2026

Tiempo de lectura: 8 minutos

Hace unos meses, Sustenia presentó un análisis sobre el potencial de los manglares de Tumbes como uno de los activos climáticos más valiosos del Perú (5 de mayo de 2026).

“Es necesario poner en valor los servicios ecosistémicos que brinda el área que se protege”, señala Osvaldo Saavedra, coordinador del equipo técnico del contrato de administración del Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes. En ese sentido, dijo a Mongabay que el proyecto de carbono azul en los manglares de Tumbes forma parte de la propuesta de sostenibilidad financiera del área protegida como uno de los servicios ecosistémicos que brinda el ecosistema manglar, en adición a los ya conocidos de provisión de recursos como conchas y cangrejos, utilizados diariamente por las poblaciones locales.

En ese entonces, el debate se concentraba en la capacidad para capturar carbono. Hoy la discusión ha evolucionado.

«CONMANOPE ha definido como su estrategia de sostenibilidad financiera la puesta en valor de los servicios ecosistémicos que brinda el manglar, especialmente el secuestro y almacenamiento de carbono azul, dando inició al proceso de certificación, con proyección a ingresar al mercado voluntario»

La pregunta ya no es cuánto carbono almacenan estos ecosistemas, sino si el Perú está preparado para convertir ese patrimonio natural en un activo capaz de atraer inversión privada bajo criterios ESG. Y la respuesta depende tanto de la ciencia como de la gobernanza.

Millonario capital climático

El Consorcio Manglares del Noroeste del Perú (CONMANOPE) impulsa el proyecto más avanzado para desarrollar el primer esquema peruano de carbono azul bajo estándares internacionales. La iniciativa comprende 5,213 hectáreas, incluyendo el Santuario Nacional Los Manglares de Tumbesy dos áreas de conservación complementarias, según el Project Idea Note (PIN), aprobado y certificado por Plan Vivo.

Para entender la dimensión económica, primero hay que separar dos conceptos que suelen confundirse: el carbono que los manglares ya almacenan y el carbono que un proyecto podría proteger o capturar adicionalmente.

Análisis de una muestra de suelo para estudiar el carbono azul en los manglares de Tumbes, Perú.
Toma de muestra de tierra de los manglares para su análisis en laboratorio.
(Foto: Mongabay / Yvette Sierra Praeli)

El estudio Estimación de Biomasa y Carbono Azul en los Manglares de Tumbes, realizado en agosto de 2023 por Dely Ramos Pocomucha, para CONMANOPE, logró determinar que el ecosistema manglar, a nivel de la superficie de cobertura vegetal netamente de manglar, almacena un aproximado de 366.61 Mg C ha-1 (media para el ecosistema), aunque la cifra puede ser mayor en el Santuario Nacional. Multiplicando este valor por el área de ecosistema manglar (4,873.04 ha), resulta un aproximado de 1.79 millones de toneladas de carbono almacenado, es decir, 6.55 millones de toneladas de dióxido de carbono (Mt CO2eq) almacenado. Este cálculo es a febrero 2022, fecha en que se recolectaron los datos de campo.

Ese enorme stock ya almacenado no equivale a 6.55 millones de créditos de carbono disponibles para vender. Para generar créditos, el proyecto deberá demostrar reducciones de emisiones o nuevas capturas atribuibles a sus intervenciones y cumplir los requisitos del estándar de certificación.

Es allí donde aparece una segunda cifra. Según el PIN de Plan Vivo, durante 20 años el proyecto estima proteger 192,197 toneladas de carbono frente a deforestación y degradación, y capturar otras 92,977 toneladas mediante restauración. En conjunto representan 285,174 toneladas de carbono, equivalentes aproximadamente a 1.05 millones de toneladas de CO.

«Para generar créditos de carbono, el proyecto deberá demostrar reducciones de emisiones o nuevas capturas atribuibles a sus intervenciones y cumplir los requisitos del estándar de certificación»

Tampoco significa que puedan emitirse automáticamente 1.05 millones de créditos. El volumen finalmente acreditable dependerá, entre otros factores, de la línea base, adicionalidad, permanencia, fugas, reservas de riesgo y procesos de validación y verificación exigidos.

La diferencia es fundamental: 6.55 millones de toneladas de CO representan el capital climático acumulado del ecosistema; alrededor de 1.05 millones corresponden a la protección y captura estimada por el proyecto durante veinte años; y solo la parte que supere el proceso de certificación podrá transformarse en créditos comercializables.

«El proyecto de CONMANOPE podría representar alrededor de 1 millón de toneladas de carbono azul potencialmente certificables y podría generar hasta US$ 31 millones en ingresos brutos»

Cuánto te cuesta, cuánto te vale

Cualquier valorización debe considerarse referencial. Si, como ejercicio de escenario, las 1.05 millones de toneladas estimadas llegaran a convertirse en créditos comercializables y alcanzaran precios de US$ 12 a US$ 30 por tonelada, el valor bruto acumulado estaría entre aproximadamente US$ 12.5 millones y US$ 31 millones durante 20 años.

Esta estimación de Sustenia, calculada sobre los volúmenes preliminares incluidos en el PIN y precios ilustrativos, no constituye una valorización oficial de CONMANOPE, Plan Vivo ni de los promotores. El ingreso real dependerá del número de créditos efectivamente emitidos, su calidad, los costos del proyecto y los precios que consiga en el mercado.

Pero la pregunta más relevante para un inversionista quizá no sea cuánto podría valer el proyecto, sino qué es lo que falta para que ese valor exista jurídicamente y quién tendrá derecho a capturar ese valor.

El desafío de la propiedad

El PIN plantea que CONMANOPE administraría los certificados, las ventas y la distribución de beneficios. Sin embargo, un análisis jurídico elaborado por Paskay sobre los derechos de carbono forestal en el Perú señala que, en áreas naturales protegidas de administración nacional, el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP) ostenta los derechos derivados de los servicios ecosistémicos, aunque estos pueden articularse contractualmente con ejecutores y otros participantes.

«El activo financiero, es decir, los créditos de carbono derivados de los manglares de Tumbes, todavía requiere construir su seguridad jurídica»

Esto convierte la seguridad jurídica en una condición central para la “bancabilidad” del proyecto: deberán quedar inequívocamente establecidos los derechos sobre los créditos, quién puede comercializarlos y cómo se distribuirán sus ingresos.

A ello se suma el Registro Nacional de Medidas de Mitigación (RENAMI), administrado por el Ministerio del Ambiente, cuyo marco regula el registro de medidas de mitigación y la transferencia de unidades de reducción de emisiones.

Raíces aéreas de los manglares de Tumbes, ecosistema clave para el almacenamiento de carbono azul.
Foto: Profonanpe

¿Quién se queda con el valor?

El modelo preliminar contenido en el PIN propone destinar 60% de los beneficios a un fondo para proyectos aprobados por los participantes locales y 40% a administración, implementación y expansión del proyecto.

Las organizaciones vinculadas a actividades como la extracción de concha negra, cangrejo y pesca aparecen así dentro de la arquitectura económica del proyecto.

Pero todavía deberán precisarse variables esenciales para cualquier inversionista: costos de desarrollo y certificación, recuperación del capital aportado, participación del Estado, reservas de créditos, tratamiento tributario, costos de comercialización y rentabilidad esperada.

Hasta ahora, el proyecto ha recibido apoyo del Blue Carbon Accelerator Fund, iniciativa vinculada a International Union for Conservation of Nature (IUCN) y apoyada por el Gobierno de Australia, además de organizaciones como The Nature Conservancy, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y Profonanpe, que han respaldado los estudios científicos y el fortalecimiento institucional.

El financiamiento privado de una siguiente fase podría adoptar otras estructuras: fondos especializados en capital natural, blended finance, banca multilateral o compradores corporativos que adelanten recursos mediante contratos de compra futura de créditos.

Especialista analiza muestras de suelo para estudiar el carbono azul de los manglares de Tumbes en laboratorio.
Foto: CONMANOPE

De conservar naturaleza a invertir en ella

Aquí está el verdadero cambio ESG.

Durante décadas, los manglares fueron considerados fundamentalmente un patrimonio que debía protegerse. Las finanzas de la naturaleza incorporan una dimensión adicional: demostrar que conservar, restaurar y gestionar ecosistemas también puede producir flujos económicos capaces de atraer capital.

«Resolviendo sus contingencias, el proyecto de Tumbes podría convertirse en el primer activo peruano de finanzas de la naturaleza, integrando carbono, biodiversidad, adaptación climática y desarrollo comunitario»

Tumbes podría convertirse en un caso pionero peruano de carbono azul con estándares internacionales. Pero para llegar allí deberá demostrar mucho más que su extraordinaria capacidad para almacenar carbono.

Deberá construir seguridad jurídica, certificación, transparencia, gobernanza y una distribución de beneficios capaz de alinear al Estado, las comunidades, el gestor y los futuros inversionistas.

Ese es el verdadero reto ESG. No es demostrar que los manglares capturan carbono —la evidencia científica ya lo hizo—, sino exponer que el Perú puede construir las instituciones necesarias para transformar su patrimonio natural en una inversión confiable y transparente, sin comprometer el ecosistema que precisamente le otorga valor.

Sustenia