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Foto: EFE

Epílogo: sin acuerdo para que los Gobiernos lideren la transición y eliminen los combustibles fósiles

El texto final del acuerdo de la Cumbre del Clima no aborda la importancia de alejarse de la energía fósil, no exige responsabilidad sobre las obligaciones financieras de los países ricos y solo hace promesas vagas sobre la adaptación.

Fecha de publicación: noviembre 24, 2025

Tiempo de lectura: 6 minutos

La COP30 cerró en Belém el sábado 22 por la noche con un acuerdo final que puede representar un avance político pero que es, ante todo, una señal de debilidad e insuficiencia estructural, dado que no consiguió un acuerdo ni una hoja de ruta sobre la eliminación de los combustibles fósiles para satisfacción de las delegaciones de los países árabes.

Así pues, la cumbre amazónica, llamada a ser la “COP de la implementación”, terminó dejando claro que el mundo avanza pero no a la velocidad ni con la coherencia que exige la ciencia. Muchos países descontentos, principalmente los de la Unión Europea, y con “lagunas” importantes sin resolver.

Aspectos para tomar en cuenta

  1. Declarar a la Amazonía como infraestructura climática esencial no es suficiente.
    Uno de los elementos más sólidos del documento final es el reconocimiento explícito de la Amazonía y los bosques tropicales como infraestructura climática esencial.
    El texto reafirma la urgencia de conservar ecosistemas críticos como condición para mantener viva la meta de 1.5° C. Sin embargo, líderes indígenas como Raoni Metuktire recordaron durante la cumbre que la protección real sigue chocando con las presiones de extractivas y los proyectos que amenazan territorios. Por ejemplo, la realidad de producción petrolera y actividades extractivas en países amazónicos contradice la presentación de la región como “infraestructura climática limpia”. La coherencia territorial sigue pendiente.
  2. La adaptación climática es una prioridad creciente.
    El acuerdo también refuerza la necesidad de aumentar significativamente el financiamiento para adaptación. Los países desarrollados deberán, según el documento, triplicar su apoyo a partir del 2035, una fecha tardía para quienes ya enfrentan impactos severos y montos muy por debajo de lo requerido; las divisiones Norte-Sur continúan bloqueando acuerdos concretos.
    La efectividad dependerá de financiamiento real y de sistemas de implementación que aún no están plenamente estructurados.
  3. El Tropical Forests Forever Facility (TFFF) exige nuevo régimen financiero.
    El lanzamiento del TFFF -con un monto significativo (US$5,500 millones) y criterios de gobernanza- demostró voluntad de crear una arquitectura financiera permanente para los países forestales. Aun así, The Guardian advirtió su talón de Aquiles: vulnerabilidad a mercados financieros y falta de transparencia.
    Según la Coalición Mundial por los Bosques, en contraposición a mecanismos como los del TFFF, que recurren a la privatización del financiamiento para los bosques, la declaración de la “Cumbre de los Pueblos” demandó que el financiamiento venga de fondos públicos y de impuestos a las grandes corporaciones contaminadoras. Para que el TFFF sea funcional, muchos consideran que, siendo un programa financiero, debe contar con un sistema operativo claro con participación indígena, mecanismos anticorrupción y financiamiento medible.
  4. La transición energética tiene que ser más dura.
    Mientras Brasil impulsó avances en combustibles sostenibles -la meta es cuadruplicarlos-, el documento final no menciona la hoja de ruta para la eliminación de los combustibles fósiles, una omisión que provocó la reacción más dura del plenario y obliga a negociar más allá de Belém.
    Representantes de la Unión Europea declararon: “Un texto que no puede decir ‘combustibles fósiles’ no es carbono neutralidad: es complicidad”. Este panorama mixto refleja una de las lagunas más profundas del acuerdo: el tema central de la crisis —el fin de los fósiles— continúa sin estar anclado en el texto oficial.
  5. Triplicar energías renovables: el ritmo propuesto sigue siendo insuficiente.
    La meta de triplicar renovables al 2030 también queda cuestionada. El Science Media Centre sintetizó la crítica: “La voluntad existe, el plan no”. La brecha entre capacidad instalada, redes eléctricas y financiación muestra que la transición sigue limitada por cuellos de botella estructurales y políticos.
  6. La justicia climática emerge como eje de poder.
    El G77 presionó para incluir mecanismos de equidad, pero la negociación evidenció persistentes asimetrías. La participación indígena y de comunidades locales creció en visibilidad y fue reconocida formalmente, aunque episodios de desplazamiento y tensiones en Belém revelaron la distancia entre el discurso y la práctica: más de 200 organizaciones firmaron una carta denunciando “represión” y falta de seguridad para pueblos indígenas en Belém. El poder estructural permanece desbalanceado.
  7. La información climática surge también como eje emergente.
    La firma de la Declaración de Integridad de la Información Climática es un avance pero sin sistemas de cumplimiento robustos no funcionará. Buen avance estratégico, pero aún incipiente en impacto operativo. Debería advertirse que está en fase piloto. Earth.org lo describió como “un primer paso, aún frágil”. Es más, los medios han denunciado el uso masivo de desinformación en redes durante la COP30, incluso ante incidentes como el incendio ocurrido durante la conferencia en Belém.
  8. La ausencia de Estados Unidos impulsa una multipolaridad climática.
    La no presencia estadounidense a la cita reconfigura la gobernanza, pero la multipolaridad emergente, en transición, no ha tenido aún consistencia financiera o regulatoria; se va consolidando sin brújula.

Sin consenso y sin rumbo

El acuerdo final de la COP30 es una señal contradictoria: reconoce los elementos esenciales —Amazonía, adaptación, financiamiento, ciencia—, pero evita confrontar los temas que definen la viabilidad climática del siglo XXI.

En el cierre de la conferencia climática, António Guterres, secretario general de la ONU, señaló que “las COP se basan en el consenso, y en una época de divisiones geopolíticas, alcanzarlo es cada vez más difícil”.

Reconoció además que la brecha entre nuestra situación actual y lo que exige la ciencia sigue siendo peligrosamente amplia: “Entiendo que muchos puedan sentirse decepcionados, especialmente los jóvenes, los pueblos indígenas y quienes viven en el caos climático. La realidad de habernos pasado de la raya es una dura advertencia, nos acercamos a puntos de inflexión peligrosos e irreversibles”.

La cumbre deja avances, pero también confirma que las lagunas no son técnicas, son políticas. Los expertos ya lo advertían: Belém cerrará con un texto débil. La Unión Europea y otros países exigían una ambición superior y rendición de cuentas, o vetarían el acuerdo. De hecho, la COP30 cierra con la sensación de que el tiempo se agota más rápido que los consensos.