El trabajo que sostiene la vida y se ignora: una histórica deuda por pagar con las mujeres

El trabajo doméstico, vital para la sociedad y asumido mayoritariamente por mujeres, sigue invisibilizado. Esta realidad amplía la brecha de género en América Latina y el Perú.

Fecha de publicación: agosto 29, 2025

Tiempo de lectura: 4 minutos

Existe una parte fundamental de la economía que no aparece en planillas, estadísticas ni impuestos: el trabajo doméstico o de cuidados. Está históricamente asociado a las mujeres. Incluye cuidar a los niños, acompañar a los adultos mayores o preparar alimentos. Todas estas tareas son esenciales para la vida en sociedad, pero permanecen invisibles en las cuentas nacionales.

La deuda histórica del trabajo no remunerado

Un estudio del World Inequality Lab, publicado en mayo de 2025, confirma la magnitud de esta deuda histórica. Analizó datos de 57 países entre 1800 y 2025. En 1800, el trabajo no remunerado representaba el 34% de todas las horas trabajadas. En 2025 todavía equivale al 9%. El estudio advierte que, si se valorara como el remunerado, el PBI “extendido” sería casi el doble del actual.

Este informe también muestra que la brecha salarial real —que considera trabajo económico y doméstico— es mucho mayor que la registrada en estadísticas tradicionales.

  • En Asia del Sur, Medio Oriente y África del Norte, la desigualdad llega incluso al 80%–90%. Allí, las mujeres realizan gran parte de las tareas domésticas y sostienen la economía sin reconocimiento equivalente.
  • En países ricos, la brecha alcanza entre 40% y 50% (frente al 10% – 20% convencional).
  • En América Latina, el indicador clásico sugiere casi paridad en 2025 (0.5%). Pero al sumar el trabajo doméstico, la diferencia asciende al 54%. Eso significa que las mujeres reciben casi la mitad del ingreso por hora que los hombres.

La sobrecarga que limita oportunidades

Al sumar trabajo remunerado y no remunerado, las mujeres trabajan entre 6 y 13 horas más por semana que los hombres. En América Latina, el promedio es de 58 horas semanales, casi 10 más que ellos. La carga doméstica es especialmente alta: 38 horas frente a 13 en los hombres. En consecuencia, más de la mitad del tiempo de trabajo en la región es aportado por mujeres.

Esta sobrecarga limita el desarrollo sostenible y refleja una profunda desigualdad de género. Según Inés Martens, oficial de Programas de la OIT, el trabajo doméstico es vital para la sociedad, pero recae de forma desproporcionada en las mujeres. La desigualdad se intensifica entre los 30 y 39 años, cuando muchas tienen hijos pequeños. Ellas dedican más de seis horas al día a estas labores, mientras que los hombres apenas superan dos.

La Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) 2024 confirma esta tendencia. Revela que las mujeres dedican casi cinco horas diarias a labores domésticas y de cuidado. Los hombres apenas superan la hora y media. De lunes a viernes, las mujeres realizan tres veces más trabajo no remunerado que los hombres. El sábado, 2.4 veces más, y el domingo, 1.8 veces más.

Políticas urgentes para revalorizar el cuidado

La desigualdad en el reparto del trabajo de cuidados también limita las oportunidades laborales de las mujeres. Según Donita Rodríguez, de APOYO Consultoría, el 73% de trabajadoras en el sector formal gana menos de S/ 2,000. En cambio, el salario promedio de los hombres supera los S/ 2,500. Incluso en condiciones similares, la brecha salarial alcanza el 19%. Esta situación reduce la autonomía económica y la capacidad de ahorro de millones de mujeres, en especial de las que son jefas de hogar, que ya representan casi el 40% en el Perú.

Revalorizar el trabajo doméstico y de cuidados no es solo una cuestión de justicia de género. Es una estrategia clave para construir una economía más humana y sostenible. Para lograrlo se necesitan sistemas integrales financiados por el Estado, corresponsabilidad en los hogares e inversión en servicios públicos.

Sin ese cambio de enfoque, la sostenibilidad seguirá siendo una promesa incompleta. Políticas como ampliar programas de cuidado infantil, promover horarios laborales flexibles y garantizar transparencia salarial son medidas urgentes para reducir la discriminación y lograr una participación plena de las mujeres en el mercado laboral.