El mundo atraviesa un momento decisivo. Se ha estimado que la inacción frente al cambio climático podría causar pérdidas de entre 0.2% y 0.3% del PBI en América Latina y el Caribe, considerando solo eventos climáticos extremos.
Mundialmente, el cambio climático cuesta alrededor de US$ 16 millones por hora, una cifra que irá creciendo en los años venideros.
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El debate ya dejó de ser científico
Las consecuencias del cambio climático han afectado y afectan a todos, desde lo público a lo privado, desde lo nacional hasta reflejarse, de manera palpable, en nuestras sociedades.
A pesar de ello, aún persisten voces y posturas contrarias a la crisis ambiental, considerando que la respuesta ante ello: la sostenibilidad, es un gasto extra al crecimiento.
Sin embargo, la acción climática dejó de ser un ejercicio de cumplimiento normativo internacional o nacional y ahora es una obligación moral como punto clave de inflexión de nuestra supervivencia como sociedad.
Las consecuencias del cambio climático se han convertido en el mayor riesgo operativo para cualquier empresa con activos, cadenas de suministro o mercados en el país. No es un problema del futuro, sino un costo real que ya afecta la disponibilidad de agua, la productividad agrícola, la infraestructura y la salud laboral.
El camino recorrido
La pregunta para los líderes empresariales ya no es si deben adaptarse, sino cómo convertir la resiliencia en una ventaja competitiva sostenible. Y si algo hemos aprendido de esta crisis es que nadie está solo y se enfrenta de manera colectiva, es decir, generando sinergias entre el sector público y privado.
Existe una base sólida para hacerlo. Desde la gestión pública se ha ido generando predictibilidad y recursos para la acción:
- Visión 2050 definida. La aprobación de la Política Nacional: Estrategia Nacional ante el Cambio Climático al 2050 (PN ENCC 2050) en octubre del 2024 traza la ruta a la carbononeutralidad y la reducción del 30% de daños climáticos. ¡Hoja de ruta clara!
- Compromiso operativo. En septiembre del 2025 se oficializó el listado de las 150 medidas de adaptación y mitigación (NDC). El camino de acción es legalmente vinculante.
- Transparencia y mercados de carbono. Las disposiciones para el funcionamiento del Registro Nacional de Medidas de Mitigación (RENAMI), aprobadas en noviembre del 2024, constituyen un marco habilitante estable para REDD+ y mercados de carbono. Son hitos fundamentales para atraer inversión privada de alta integridad.
Sobre esta base —considerando las características del sector empresarial, innovador y competitivo— la respuesta a la crisis climática debe estar inherente desde la Alta Dirección.
El valor estratégico de la sostenibilidad
Es importante internalizar que en las empresas la sostenibilidad ya no se mide en reportes, sino en decisiones que aseguren la continuidad de sus operaciones y del territorio donde prosperan.
La sostenibilidad es hoy una estrategia de negocio: invertir en soluciones basadas en la naturaleza —restaurar cuencas, proteger humedales o implementar techos verdes, entre otros— reduce costos energéticos, protege activos frente a sequías e inundaciones y mejora la productividad agrícola. Cada decisión que disminuye la huella ambiental fortalece la capacidad de respuesta ante las crisis futuras.
Pero la resiliencia no se construye solo con infraestructura verde, sino con personas. Escuchar e integrar el conocimiento de comunidades locales y pueblos indígenas permite diseñar soluciones más efectivas y sostenibles. Incorporar esta perspectiva no es filantropía, es gestión inteligente del riesgo social. Además, cuidar la salud y seguridad de los trabajadores frente al calor extremo, los desastres o la inseguridad alimentaria son vitales para mantener la estabilidad operativa.
La sostenibilidad empieza en el bienestar de quienes hacen posible la producción
La prosperidad, entendida como crecimiento sostenido y equitativo, depende de cómo las empresas integren la economía circular, la eficiencia hídrica y la innovación financiera en su modelo de negocio. Bonos verdes, seguros paramétricos o fondos de resiliencia son mecanismos que no solo protegen el capital, sino que abren acceso a nuevas fuentes de financiamiento internacional. La resiliencia climática ya es un criterio de competitividad en los mercados globales.
Y todo esto requiere alianzas. Ninguna empresa puede enfrentar sola los desafíos del clima. La colaboración entre Estado, sector privado, comunidades y academia es esencial para escalar soluciones, compartir conocimiento y movilizar inversión.
En un contexto donde los impactos climáticos no distinguen sectores ni fronteras, la confianza y la acción conjunta se convierten en el nuevo capital social del país.
El Estado ha definido la dirección. Ahora, el liderazgo empresarial determinará si el Perú avanza hacia una economía resiliente o se queda rezagado frente al cambio climático. La sostenibilidad ya no es una narrativa ambiental, sino una estrategia de supervivencia y crecimiento. El planeta primero, siempre. La sostenibilidad, de la mano de la resiliencia, es la nueva rentabilidad.
