El cambio climático ya no es futuro
El Perú vive una transformación silenciosa pero devastadora. El cambio climático ya no es un riesgo latente, sino una condición estructural: se manifiesta hoy en glaciares cantando, lluvias extremas, sequías, incendios forestales, inundaciones, migraciones, etc.
Según estimaciones del Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña, el país ha perdido 48% de su superficie glaciar en medio siglo, y cada año desaparecen unos 200 millones de metros cúbicos de agua almacenada en hielo. En la Cordillera Blanca, los glaciares retroceden 12 metros de espesor por año, afectando directamente la disponibilidad hídrica de más de siete millones de personas.
El impacto se multiplica. Las lluvias extremas provocadas por El Niño costero del 2023 destruyeron 30,000 hectáreas agrícolas y dejaron pérdidas por más de S/ 4,500 millones, de acuerdo con el Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN).
En simultáneo, la Amazonía pierde anualmente más de 120,000 hectáreas de bosque al año por tala y minería ilegal, según estimaciones del Ministerio del Ambiente e investigadores especializados. Además, solo tengamos en cuenta que cuatro de cada diez hectáreas deforestadas en América del Sur están en el Perú.
Vulnerabilidad hídrica: el país que se seca por dentro
El Banco Interamericano de Desarrollo advirtió en el 2023 que la disponibilidad de agua per cápita en el Perú cayó 15% en los últimos 20 años y podría reducirse otro 20% hacia el 2030.
Lima, una de las capitales más áridas del mundo, depende en un 80% de fuentes andinas que ya muestran estrés hídrico. La cuenca del Rímac perdió 10% de su caudal en la última década. El cambio climático avanza y los proyectos de adaptación climática se llenan de polvo en el Ministerio del Ambiente y no captan el interés del sector privado, hoy más enfocado en proyectos de mitigación de carbono.
Transición energética: la promesa del sol
La matriz energética peruana comienza a transformarse. Según el Ministerio de Energía y Minas, las energías renovables representan ya el 16% de la generación eléctrica nacional. En Arequipa y Moquegua, los parques solares Rubí y Intipampa producen 1,200 GWh anuales, equivalentes al consumo de un millón de hogares. Más de 200,000 paneles solares instalados en zonas rurales de Puno, Cusco y Ayacucho benefician a 1.3 millones de personas, reduciendo emisiones y dependencia de diésel.
El potencial, sin embargo, sigue subutilizado. El World Energy Outlook 2024 de la International Energy Agency estima que el Perú podría cubrir 60% de su demanda eléctrica con fuentes limpias antes del 2035, pero la inversión requiere reglas estables y redes de transmisión modernizadas. La pregunta es qué hacemos con tanto gas natural…
Biodiversidad en riesgo y en valor
El Perú concentra el 13% de la biodiversidad mundial; motivo de orgullo nacional para muchos pero la pérdida de hábitats amenaza especies y economías locales. El Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (SERNANP) administra 84 millones de hectáreas protegidas, de las cuales el 66% se ubica en la Amazonía. No obstante, el 17% de estas áreas enfrenta presiones por tala y minería ilegal.
En Madre de Dios, la minería de oro ilegal genera ingresos anuales superiores a US$ 1,200 millones —fuera de control tributario o ambiental—, según la Global Initiative Against Organized Crime (2023). Además, ejerce “control” sobre la agenda del Congreso de la República.
Gobernanza climática: coordinación en déficit
El principal obstáculo de la acción climática es la dispersión institucional. La OCDE registra más de 100 instrumentos de política ambiental activos, pero sin integración interministerial. Mientras el Plan Nacional de Adaptación 2022-2050 establece metas de mitigación, los sectores productivos mantienen subsidios a combustibles fósiles por más de S/ 2,500 millones anuales. Incoherencia.
Solo 9 de los 25 gobiernos regionales han implementado planes de cambio climático con presupuesto propio. El PNUD subraya que la inversión en adaptación equivale al 0.4 % del presupuesto nacional, muy por debajo del 1.3% de Chile y el 1.8% de Colombia.
Sin coordinación, la política climática se vuelve un mosaico inconexo. Los científicos del INAIGEM proponen crear un Sistema Nacional de Monitoreo Glaciar y de Ecosistemas de Montaña, que combine observación satelital, inteligencia artificial y participación comunitaria. Su costo estimado —aproximadamente S/ 30 millones— es menor que las pérdidas anuales por desastres naturales.
Restaurar lo que aún se puede
La CAF estima que por cada dólar invertido en infraestructura resiliente se ahorran cuatro en pérdidas futuras. En el Perú, eso equivale a US$ 2,000 millones anuales en reducción de daños.
La Estrategia Nacional de Cambio Climático al 2050 —aprobada por el MINAM— fija como meta la neutralidad de carbono para 2050, con hitos intermedios al 2030: reducción de 30% de GEI, gestión sostenible de 10 millones de hectáreas y 100% de energías limpias en transporte público urbano. Su cumplimiento exige más que normas, requiere voluntad política, financiamiento y coherencia territorial.
Conclusión: una década decisiva
La evidencia es contundente: el clima ya no espera. Las decisiones que el Perú tome entre 2025 y 2030 definirán si conserva su patrimonio natural o si asume un costo irreversible. Cada hectárea restaurada, cada tonelada de CO₂ evitada y cada comunidad adaptada son inversiones en futuro.
La sostenibilidad no se decreta: se construye desde el territorio, con datos, cooperación y confianza. El país tiene los recursos y el conocimiento; lo que falta es sincronizar el reloj político con la urgencia ambiental. Y coordinación entre el sector público y el privado.
La década ya empezó. Y el planeta —como recordarán las voces de la Cumbre— no concede prórrogas.