Aunque los resultados comerciales de 2025 se situaron para Bosques Amazónicos (BAM) por debajo de los niveles históricos, la compañía logró hitos críticos. En primer lugar, mantuvo una estabilidad operativa sólida, fortaleció su base patrimonial y avanzó en la arquitectura técnica, social y regulatoria de sus activos.
“En un mercado que hoy castiga la opacidad y premia la trazabilidad, BAM se posiciona como un referente de activos de alta integridad, preparados para capturar el valor de la nueva demanda global”, indica David Saettone, presidente del directorio de BAM en su Memoria 2025.
Dado que la transición hacia una economía baja en carbono exige mecanismos eficientes para canalizar capital hacia la protección de ecosistemas críticos, Saettone afirma que, en esta transformación, “BAM se posiciona como una plataforma NatureTech que integra gestión territorial, ciencia forestal y financiamiento climático para desarrollar activos ambientales de alta integridad y valor estratégico de largo plazo”.
Cabe destacar que el programa de plantaciones forestales de BAM —que supera las 1,000 hectáreas con especies nativas— no solo constituye un activo biológico en crecimiento, sino también la base de una futura operación industrial.
Estudios técnicos recientes han validado las excelentes propiedades de trabajabilidad de especies como la marupa, lo que abre la posibilidad de desarrollar productos de madera con valor agregado para mercados locales e internacionales. En este sentido, el ejecutivo explica que la estrategia contempla el desarrollo progresivo de capacidades de aserrío y transformación, cuyos flujos futuros contribuirán de manera relevante a respaldar la estructura de financiamiento de largo plazo. Durante 2025, las ventas ascendieron a US$ 430,000, cifra menor a la del periodo anterior debido a la falta temporal de inventario de créditos de carbono. Este escenario responde al retraso en la implementación de las nuevas metodologías por parte de Verra, lo que ha postergado la emisión de nuevos créditos desde 2021. “No obstante, el aspecto positivo de esta transición es la acumulación de un stock de VCU (Verified Carbon Units) en proceso, que asegura un flujo de ingresos significativo tan pronto se completen los procesos de emisión programados para el bienio 2026-2027”, concluye Saettone