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La jornada laboral en el centro del debate global

Un reciente artículo de The Economist y algunas propuestas legislativas ponen en agenda un tema que parecía resuelto y que, sin embargo, gana atención internacional: cuántas horas deberían trabajar realmente los empleados.

Fecha de publicación: diciembre 30, 2025

Tiempo de lectura: 5 minutos

La publicación británica recuerda que la semana de 40 horas, que muchos consideran un estándar natural, es más bien una convención histórica. Hoy, las prácticas por país y sectores muestran variaciones amplias, desde jornadas acotadas en algunos países europeos hasta semanas que superan las 44 o 48 horas en economías emergentes.

Jornada laboral y niveles de ingresos

El análisis incluye evidencia de un estudio de los economistas Amory Gethin, del Banco Mundial; y Emmanuel Sáez, de la Universidad de California (Berkeley), que compara horas trabajadas y desarrollo económico en 160 países, y que calcula que la jornada laboral promedio para la población global adulta es de 42 horas semanales.

El hallazgo es claro: no existe una relación simple entre más horas y mayores niveles de ingreso. Los autores identifican patrones influenciados por instituciones, estructuras productivas, niveles de informalidad y composición del mercado laboral, más que por una relación directa con el crecimiento.

«La jornada laboral de 40 horas continúa siendo un punto de referencia global, pero no un indicador uniforme de productividad ni un estándar único de diseño organizacional»

The Economist también examina los resultados de ensayos recientes que reducen la jornada laboral sin afectar la remuneración. Una reciente investigación de Gregor Jarosch, Laura Pilossoph y Anthony Swaminathan, de Duke University, revela que en varios casos se observan mejoras en indicadores de bienestar, reducciones de agotamiento y aumentos de productividad por hora. Sin embargo, los resultados no son uniformes: dependen del sector, del tipo de tareas, de la tecnología aplicada y de la autonomía permitida en la organización del trabajo.

¿Trabajar menos y sacrificar ingresos?

La investigación de los académicos de Duke revela que en Alemania y Gran Bretaña, la gente estaría dispuesta a sacrificar algo de dinero a cambio de más tiempo libre. La semana laboral óptima en Alemania, por ejemplo, duraría 37 horas. Los estadounidenses, en cambio, preferirían trabajar más y ganar más dinero.

Por otro lado, Elon Musk dijo una vez que nadie cambió el mundo con una semana laboral de 40 horas. Por su parte, Narayana Murthy, fundador de Infosys, considera que la prosperidad en India solo se puede lograr con semanas laborales de más de 70 horas.

Mientras esta discusión avanza a nivel global, América Latina experimenta movimientos regulatorios que aportan contexto adicional. Estudios comparados citados por firmas como Garrigues indican que distintos países de la región estudian o implementan reducciones graduales de la jornada máxima legal. En México, a inicios de diciembre de este año, el secretario de Trabajo, Marath Bolaños, anunció que el Gobierno impulsará la transición de 48 a 40 horas semanales de manera paulatina, medida que —según explicó— busca evitar efectos abruptos en el empleo o la productividad.

«La OCDE destaca que cerca de la mitad de los trabajadores de la región opera en esquemas de informalidad, lo cual limita el alcance efectivo de cualquier reforma sobre tiempo de trabajo»

La OCDE, en su Latin American Economic Outlook 2025, subraya otra variable clave: cerca de la mitad de los trabajadores de la región opera en condiciones de informalidad. Este factor limita el alcance real de cualquier reforma normativa y genera brechas significativas entre la regulación y la práctica laboral. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) coincide en que los límites de jornada siguen siendo un pilar para la protección de la salud laboral y la previsibilidad de los derechos del trabajador.

En el Perú, la jornada máxima legal permanece en ocho (8) horas diarias o 48 semanales, tal como lo establece el D.L. 854. Informes recientes del INEI indican niveles de informalidad superiores al 70%, lo que condiciona la capacidad de cualquier ajuste regulatorio para generar efectos homogéneos.

En un contexto en que el avance de las reformas laborales en los países vecinos y la evidencia internacional mantienen el tema en revisión por parte de especialistas laborales y analistas económicos, existen algunos proyectos legislativos ya presentados este año para reducir la jornada a menos de 40 horas semanales. Sin embargo, las propuestas se dirigen a sectores específicos como el de salud (Segundo Quiroz Barboza); trabajadores obreros en gobiernos locales y regionales (Isabel Cortez); y padres o madres con hijos menores a su cargo, en caso de orfandad por el fallecimiento de uno de los progenitores (Alfredo Pariona Sinche).

«Existen algunas propuestas legislativas en debate que pretenden reducir la jornada estándar a menos de 40 horas semanales»

La revisión de The Economist y los datos regionales muestran un escenario donde la jornada laboral vuelve a ser un componente relevante de la conversación sobre empleo, productividad y desarrollo. La experiencia comparada aporta elementos para seguir evaluando cómo se organiza el tiempo de trabajo y qué impactos generan estos cambios en los distintos mercados laborales. No hay una única respuesta para cuál debería ser la duración de la jornada laboral: ¿Por producción? ¿Por horas? Sea cual sea la respuesta, esta no solo refleja la cultura de la industria y del país sino también transmite una señal sobre prioridades.