Empresas mineras enfrentan mayores exigencias en sostenibilidad y desempeño ESG
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La sostenibilidad minera entra en su prueba más dura: el mercado deja de pagar por las promesas

Durante la última década, la sostenibilidad se consolidó como un pilar de la minería: compromisos climáticos, promesas nature-positive y metas Net Zero proliferaron. Sin embargo, EY advierte una desaceleración.

Fecha de publicación: marzo 2, 2026

Tiempo de lectura: 5 minutos

En su reporte “Top 10 business risks and opportunities for mining and metals”, publicado en octubre del año pasado, la consultora EY señala que más de la mitad de las empresas del sector minero ha revaluado o postergado compromisos de sostenibilidad, una decisión explicada en parte por la volatilidad de los mercados, pero también por un factor más estructural: la ausencia de primas claras para los materiales “verdes”. En términos simples, el mercado aún no remunera de forma consistente los mayores costos asociados a una minería con menor huella ambiental y social. La situación resulta similar a lo señalado por el CEO de Equans Perú, Omar Lam, en entrevista a Sustenia.

«El mercado aún no remunera de forma consistente los mayores costos asociados a una minería con menor huella ambiental y social»

El límite del “business case” verde

Durante años se sostuvo que la sostenibilidad era, por definición, una ventaja competitiva. Hoy, el propio sector reconoce que ese argumento no siempre cierra en el corto plazo, especialmente en contextos de presión de costos, inflación de insumos y mayor exigencia de retornos.

«Si los compromisos ESG son los primeros en revisarse cuando el ciclo baja, entonces no están plenamente integrados en la lógica de negocio»

Esto no implica un rechazo a la sostenibilidad, sino algo más inquietante: sigue siendo tratada como una variable cíclica, ajustable cuando el mercado se vuelve adverso. Desde el punto de vista del riesgo, el mensaje es claro. Si los compromisos ESG son los primeros en revisarse cuando el ciclo baja, entonces no están plenamente integrados en la lógica de negocio.

Nature-positive: ambición alta, certeza limitada

El informe de EY introduce otro matiz relevante. Los compromisos vinculados a biodiversidad y naturaleza se mantienen relativamente sólidos en el discurso corporativo. Sin embargo, solo el 56% de los ejecutivos encuestados se declara confiado en cumplirlos.

La brecha no responde necesariamente a falta de voluntad, sino a un problema más profundo:

  • Falta de métricas estandarizadas.
  • Dificultad para definir líneas base y umbrales de impacto.
  • Incertidumbre sobre qué reportar y cómo hacerlo de forma verificable.

«La futura implementación de los estándares del ISSB debería aportar mayor claridad y comparabilidad»

Este vacío metodológico explica por qué muchos compromisos nature-positive corren el riesgo de convertirse en ‘sobrepromesas’, especialmente en un contexto donde reguladores e inversionistas están elevando el nivel de escrutinio.

La futura implementación de los estándares del International Sustainability Standards Board (ISSB) debería aportar mayor claridad y comparabilidad, pero mientras tanto el sector opera en una zona gris que combina ambición con fragilidad reputacional.

Alcance 3: más transparencia, menos control

Uno de los puntos más reveladores del análisis de EY es la paradoja que atraviesan las emisiones de Alcance 3, aquellas que ocurren a lo largo de la cadena de valor y que escapan al control directo de la operación minera.

El sector ha avanzado de forma significativa en trazabilidad, uso de analítica de datos, sensores inteligentes y soluciones digitales, incluso incorporando blockchain para mejorar la calidad del reporte. No obstante, el propio informe reconoce que reducir efectivamente esas emisiones sigue siendo extremadamente complejo.

La implicancia es estratégica: las empresas saben cada vez más sobre su huella real. Pero siguen teniendo capacidad limitada para modificarla sin cambios sistémicos en transporte, fundición, energía y demanda final.

Desde la óptica financiera, esto tensiona los compromisos Net Zero y expone a las compañías mineras a riesgos de incumplimiento que ya no son solo reputacionales, sino contractuales y regulatorios.

«Las mineras siguen teniendo capacidad limitada para modificar su huella ambiental real sin cambios sistémicos en transporte, fundición, energía y demanda final»

Más estándares, menos margen de maniobra

El contexto global refuerza esta presión. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (IEA), el número de empresas de minerales críticos que adoptan marcos de sostenibilidad de terceros se multiplicó por diez en los últimos cinco años. La estandarización avanza rápido, y con ella la comparabilidad.

Este avance reduce el espacio para reportes discrecionales y narrativas autodefinidas. La sostenibilidad entra así en una fase más dura: menos storytelling, más evidencia. Más datos no garantizan mejor desempeño, pero sí hacen más visible la brecha entre discurso y realidad.

Una transición que no es de retroceso, sino de exigencia

Leído en conjunto, el mensaje del reporte de EY no es que la sostenibilidad esté perdiendo relevancia, sino que está dejando atrás su etapa más declarativa. La desaceleración de compromisos refleja el choque entre ambición, costos y ausencia de incentivos claros, en un entorno donde la regulación y el mercado aún no terminan de alinearse.

«Las mineras que utilicen este periodo para ordenar métricas, fortalecer gobernanza y vincular sostenibilidad con decisiones de inversión reales estarán mejor posicionadas cuando el marco regulatorio se endurezca»

Para el sector minero —y de forma particularmente aguda en regiones como América Latina— esta transición marca un punto de inflexión. Las empresas que utilicen este periodo para ordenar métricas, fortalecer gobernanza y vincular sostenibilidad con decisiones de inversión reales estarán mejor posicionadas cuando el marco regulatorio se endurezca. Las que no lo hagan acumulan un riesgo silencioso, que probablemente se materialice más adelante en forma de conflictos, restricciones financieras o pérdida de competitividad.

La sostenibilidad minera ya no se juega en la promesa. Se juega en la capacidad de demostrar desempeño en condiciones adversas. Y esa, hoy, es la prueba más exigente del sector.