En un giro inesperado para el sector financiero global, el BBVA formalizó una advertencia crítica: su ambiciosa agenda de sostenibilidad podría convertirse en un factor de riesgos ESG. Sí, el banco que busca movilizar 700,000 € millones en finanzas sostenibles para 2029 está reconociendo que el actual clima político —especialmente en EEUU y su potencial eco en Europa— plantea amenazas de litigios y represalias por parte de inversionistas que cuestionan el enfoque “verde”.
Al respecto, en su Informe Anual 2025, el BBVA indica que los factores ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) pueden afectar negativamente al Grupo. Y aunque la sostenibilidad se presenta como una prioridad estratégica y un motor de crecimiento, el informe mencionado dedica una sección detallada dentro del capítulo de Gestión de Riesgos para explicar cómo estas estrategias y el entorno ESG global constituyen factores de riesgo significativos.
«El actual clima político plantea al BBVA amenazas de litigios y represalias por parte de inversionistas que cuestionan el enfoque “verde”»
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Riesgos ESG en el sector financiero: claves del caso BBVA
Seis aspectos clave que explican la advertencia
- Riesgos de ejecución y costo de los objetivos. BBVA hizo públicos sus objetivos aspiracionales a largo plazo en materia ESG pero advirtió que estos podrían ser más costosos o difíciles de alcanzar que lo previsto, e incluso imposibles, debido a cambios normativos, el ritmo tecnológico o la actuación de terceros.
- Complejidad y fragmentación regulatoria. El grupo español señala un panorama legal “fragmentado” y complejo, donde los cambios en la forma en que los bancos deben gestionar los riesgos climáticos generan mayores costos de cumplimiento, operativos y crediticios.
- Riesgos reputacionales y de litigiosidad. Existe un escrutinio creciente que puede derivar en litigios e investigaciones -incluyendo reclamos por greenwashing o por lo contrario a esto (greenhushing), es decir, que se le denuncie por silenciar iniciativas climáticas si las comunicaciones del Grupo no se ajustan a su perfil de sostenibilidad real.
- Costos de oportunidad y rentabilidad. El Grupo podría dejar de prestar servicios de financiamiento o inversión que habrían sido rentables con el fin de cumplir con sus propias obligaciones u objetivos ESG o para evitar daños a su reputación.
- Riesgos de mercado y de crédito. Los cambios en las preferencias del mercado y un posible sentimiento contrario a los aspectos ESG podrían afectar la demanda de productos financieros y el interés de los inversionistas por los títulos valores (acciones o bonos) del BBVA. Además, la incapacidad de los clientes para adaptarse a una economía baja en carbono puede deteriorar su solvencia y afectar negativamente a la cartera de préstamos del Grupo.
- Incertidumbre en los datos. BBVA reconoce que existen dudas inherentes al uso de datos ESG de terceros, lo que puede provocar que sus modelos de evaluación sean imprecisos, afectando negativamente la información financiera divulgada.
Entre la SMV y el estándar global
Aunque el Ministerio del Ambiente (MINAM) y la Superintendencia del Mercado de Valores (SMV) impulsan el reporte de sostenibilidad corporativa anual para las empresas emisoras, el caso BBVA demuestra que la gobernanza debe ser más robusta que nunca. Porque ser acusado de silenciar iniciativas (greenhushing) es una advertencia para que el sector corporativo no deje de reportar. Es evidente, además, que la materialidad ya no es estática y que los flujos de inversión global comienzan a penalizar el activismo corporativo, motivo por el cual resulta más necesario equilibrar el cumplimiento normativo con una comunicación de riesgos más transparente.
«Ser acusado de greenhushing es una advertencia para que el sector corporativo no deje de reportar»
Entonces, el desafío no consiste en retroceder en los compromisos ESG, sino integrarlos en la estrategia de gestión de riesgos financieros y fortalecer la transparencia.