Imagen de la COP31 en Antalya, Turquía, con energías renovables, comunidades y acción frente al cambio climático.
Ilustración: PNUD

COP31 en Turquía: el clima frente al poder petrolero

Trump desafía la cooperación climática, la OPEP defiende el petróleo y Turquía promete resultados. Tras Belém, la COP31 pondrá a prueba la descarbonización mundial.

Fecha de publicación: octubre 26, 2026

Tiempo de lectura: 8 minutos

La COP31 se celebrará del 9 al 20 de noviembre de 2026 en Antalya, Turquía (República de Türkiye). Con Murat Kurum -ministro de Medio Ambiente y Urbanismo de Turquía- al frente de la presidencia de la cumbre climática y Australia, representada por Chris Bowen -su ministro de Cambio Climático y Energía- conduciendo las negociaciones, la conferencia intentará convertir compromisos climáticos en resultados.

Buenas intenciones

La COP31 sobre el Clima de este año, junto con la COP17 sobre Biodiversidad y la COP17 sobre Tierras, podrían representar una oportunidad para demostrar cómo las tres Convenciones de Río —mediante el poder del multilateralismo— pueden impulsar el cambio necesario para sustentar el futuro de la humanidad y del planeta.

Según PNUD, siempre ayudando a los países a tomar acción climática, la Presidencia de Türkiye de la COP31 ha definido este encuentro como una “COP de Implementación” y una “COP del Futuro”, guiada por los principios de diálogo, consenso y acción, y centrada en traducir los compromisos climáticos en avances tangibles y monitoreables.

«¿Cómo reducir la dependencia de los combustibles fósiles cuando algunas de las mayores potencias y economías productoras defienden su continuidad?»

La COP31, en la cual Australia presidirá las negociaciones oficiales, buscará acelerar la implementación de todo el ciclo de políticas del Acuerdo de París, en particular mediante las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés), Planes Nacionales de Adaptación (PNAD) y unos marcos de transparencia más sólidos. En ese sentido, se espera que los debates estén centrados en fortalecer la implementación en líneas de trabajo clave mediante el progreso de medidas de mitigación, adaptación y pérdidas y daños; la promoción de una transición justa; y facilitando el acceso a la financiación climática, al desarrollo de capacidades y a la tecnología. Sin embargo, esta será una cumbre bajo presión, donde se mantiene latente el conflicto geopolítico. Y la gran pregunta sigue siendo: ¿cómo reducir la dependencia de los combustibles fósiles cuando algunas de las mayores potencias y economías productoras defienden su continuidad?

Identidad visual de la COP31 en Antalya, Turquía, organizada en el marco de las negociaciones climáticas de Naciones Unidas.
Foto: PNUD

Trump confronta el sistema climático

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha hecho explícita su oposición al consenso climático internacional. Ante la Asamblea General de la ONU, en septiembre de 2025, calificó la política climática como “la mayor estafa jamás perpetrada contra el mundo”. Trump también advirtió que “si no se alejan de esta estafa verde, sus países van a fracasar”.

La retirada estadounidense del Acuerdo de París debilita la confianza entre países y complica las negociaciones sobre financiamiento y responsabilidades históricas. La acción de estados, ciudades y empresas estadounidenses continúa, pero no reemplaza el peso diplomático de Washington.

«La retirada estadounidense del Acuerdo de París debilita la confianza entre países»

Turquía promete implementación

La presidencia turca quiere que Antalya sea recordada por resultados concretos. En junio, Kurum sostuvo que “ya quedó atrás el tiempo de limitarse a establecer objetivos”.

Cabe mencionar que entre las iniciativas del país euroasiático figura elevar al 35% la participación de la electricidad en el consumo final mundial de energía hacia 2035; actualmente se estima que es 20%.

«Electrificar no es necesariamente descarbonizar: el beneficio depende de cómo se genera la electricidad. Turquía, el gran promotor, mantiene dependencia de fuentes fósiles»

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, también ha reclamado convertir las decisiones climáticas en acciones.

En ese sentido, el compromiso turco “35 para el 35” fue presentado en junio pasado como una vía para ayudar a orientar al mundo hacia un futuro de bajas emisiones de carbono. Y llega tras lo que se ha descrito como «la peor crisis energética de la historia», provocada por el agravamiento del cambio climático y el impacto sobre los combustibles fósiles de la guerra contra Irán.

Sin embargo, electrificar no es necesariamente descarbonizar: el beneficio depende de cómo se genera la electricidad. Turquía mantiene dependencia de fuentes fósiles y Australia continúa siendo un gran exportador de carbón y gas. Ambas deberán conciliar sus intereses energéticos con la conducción de la COP.

La OPEP defiende el futuro del petróleo

En la COP30 de Belém, el secretario general de la OPEP, Haitham Al Ghais, pidió reconocer “el papel del petróleo en nuestro futuro energético”. Su postura refleja la distancia entre reducir las emisiones asociadas a los hidrocarburos y reducir su producción y consumo.

Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos son protagonistas de esa discusión, aunque sus políticas no son idénticas.

La contradicción tampoco es exclusiva del Golfo: Estados Unidos, Rusia y Australia enfrentan tensiones entre objetivos climáticos y actividad fósil. La credibilidad debe medirse por inversiones, subsidios, emisiones y políticas efectivas, no solo por anuncios de neutralidad.

«Estados Unidos, Rusia y Australia enfrentan tensiones entre objetivos climáticos y actividad fósil»

China, Europa, Brasil e India: liderazgos en disputa

China, bajo Xi Jinping, es el mayor emisor anual, pero también un actor dominante en paneles solares, baterías y vehículos eléctricos. En 2025, anunció una meta de reducción de emisiones netas de entre 7% y 10% respecto de su máximo para 2035. La Unión Europea, con Ursula von der Leyen entre sus referentes, vincula descarbonización, competitividad y seguridad energética, aunque afronta tensiones industriales y presupuestarias. Lula da Silva impulsó desde Brasil la discusión sobre una transición para dejar atrás los combustibles fósiles, mientras su país mantiene aspiraciones petroleras. India, bajo Narendra Modi, exige reconocer las responsabilidades históricas de los países ricos y las necesidades de desarrollo de las economías emergentes. La COP31 también será una disputa por tecnología, mercados y distribución de costos.

Belém: avances, pero sin hoja de ruta fósil

La COP30 mantuvo la cooperación internacional y produjo avances en adaptación y transición justa, pero no aprobó una hoja de ruta negociada y explícita para dejar atrás los combustibles fósiles. Al respecto, Simon Stiell, secretario ejecutivo de ONU Cambio Climático, dijo: “No digo que estemos ganando la lucha climática. Pero indudablemente seguimos en ella”.

El contraste es central: preservar el diálogo multilateral es valioso, aunque no basta para garantizar reducciones compatibles con 1.5° C que es la meta internacional fijada en el Acuerdo de París: evitar que el calentamiento global a largo plazo supere los 1.5° C por encima de la era preindustrial (1850-1900).

Los pronósticos de la Organización Meteorológica Mundial indican que las temperaturas medias anuales se moverán entre 1.3° C y 1.9° C. De hecho, los informes de la ONU reconocen formalmente que el planeta superará inevitablemente el umbral límite de los 1.5°C sostenidos antes de que termine la presente década.

Los países vulnerables exigen urgencia

Para los pequeños Estados insulares, cada demora tiene consecuencias materiales. El presidente de Palaos, Surangel Whipps Jr., afirmó: “Cada fracción de grado importa”.

Por su parte, António Guterres añadió otra dimensión: “La independencia energética no puede construirse sobre la dependencia de los combustibles fósiles”.

Mientras los grandes productores negocian plazos, los países vulnerables reclaman financiamiento accesible para adaptación, pérdidas y daños.

En ese contexto, el PNUD hace un llamado en favor de una financiación a gran escala que responda a las necesidades de los países y movilice inversiones; una acción inclusiva que empodere a los pueblos indígenas, las mujeres, la juventud y las comunidades locales como agentes esenciales del cambio y la implementación; y una cooperación colectiva más sólida entre países e instituciones.

«El planeta superará inevitablemente el umbral límite de los 1.5° C sostenidos antes de que termine la presente década»

Imagen de la COP31 en Antalya, Turquía, con energías renovables, comunidades y acción frente al cambio climático.
Encuentro entre Erdogan (izq.) y Trump (der.) en el Despacho Oval. (Foto: Evan Vucci)

¿Qué deberá demostrar Antalya?

La COP31 debería evaluarse por cuatro resultados: avances verificables para reducir la dependencia fósil, financiamiento efectivamente disponible, implementación de las NDC y mayores recursos para adaptación. Países como el Perú pueden buscar cooperación para bosques y mercados de carbono, pero las decisiones estructurales dependerán principalmente de las grandes economías y los productores y consumidores de energía. Antalya pondrá a prueba si el multilateralismo puede transformar una disputa de intereses en cambios económicos medibles. Sin ese salto, la diplomacia climática seguirá avanzando más lentamente que la crisis que intenta contener.

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