Biodegradables en el Perú: transición incompleta y engañosa

Una nueva propuesta normativa propone mejorar los estándares de control y trazabilidad para reducir la contaminación por plásticos que “no se viene dando”.

Fecha de publicación: agosto 22, 2025

Tiempo de lectura: 5 minutos

Impulsados por una demanda global más consciente, los envases biodegradables han ganado protagonismo como alternativa al plástico convencional. La presión de los consumidores, las empresas y los gobiernos por reducir el impacto de los materiales contaminantes, especialmente los plásticos de un solo uso, está reconfigurando la forma en que se produce, se distribuye y se consume.

Según el reporte 2023 Global Buying Green, elaborado por Trivium Packaging, el 82% de los consumidores a nivel mundial está dispuesto a pagar más por envases sostenibles y casi un tercio aceptaría pagar al menos un 10% adicional. El estudio —basado en más de 9,000 encuestas en Europa, Norteamérica y Sudamérica— evidencia un cambio profundo en los valores de consumo.

De hecho, los envases biodegradables ofrecen muchos beneficios: reducen la huella de carbono, cierran ciclos naturales al ser asimilados por microorganismos, y pueden reciclarse o ‘compostarse’, impulsando una economía circular. Además, desaparecen mucho más rápido que los plásticos tradicionales y no dejan residuos tóxicos.

En el Perú, a finales del 2018, entró en vigor la Ley N.°30884 que regula el plástico de un solo uso y los recipientes o envases descartables, su reglamento y el reglamento técnico de bolsas, a fin de reducir el impacto adverso a la salud humana y al medio ambiente que generan estos insumos. Sin embargo, esta normativa no se ha estado cumpliendo y hoy el Perú tiene un problema público: la proliferación de bolsas de plástico etiquetadas como biodegradables pero cuya degradación genera contaminación por microplásticos o sustancias peligrosas. ¿Qué pasó?

Esa bolsa no es

Sucede que la normativa vigente establece requisitos técnicos y de etiquetado para las bolsas biodegradables que no se cumplen. Por ejemplo, la inexistencia de Organismos de Certificación de Productos (OCP) acreditados en el país limita la capacidad de verificar y certificar la biodegradabilidad de estos productos. En la práctica, según el Ministerio de la Producción, esto permite que las empresas utilicen la “Declaración de Conformidad del Proveedor” como un sustituto de la certificación oficial, lo que genera incertidumbre sobre la verdadera biodegradabilidad de las bolsas comercializadas. La razón es que la normativa no permite verificar si las bolsas adquiridas, comercializadas o importadas se degradan de manera ecológica o bajo estándares de biodegradabilidad.

Según el análisis de la Resolución Ministerial N.°197-2025-PRODUCE, que busca modificar el reglamento técnico para la producción de estos envases, la falta de OCP acreditados y la ambigüedad en ciertas disposiciones legales han dificultado la implementación efectiva de políticas ambientales destinadas a reducir la contaminación por plásticos. Este problema se agrava con la proliferación en el mercado local de bolsas etiquetadas como biodegradables que, en realidad, no cumplen con los estándares necesarios. De esta manera, no solo los proveedores están confundiendo o engañando a los consumidores con envases con no son 100% biodegradables, sino que se está perpetuando la contaminación del ambiente con microplásticos perjudiciales.

Mientras tanto, entre 2021 y 2024, las importaciones de bolsas de plástico, principalmente de China, siguieron creciendo en valor y volumen, en 1.4% y 8.2%, respectivamente. Esto aumenta la magnitud del problema.

Más allá de la etiqueta

Los envases biodegradables no son una solución mágica. Representan un paso firme hacia una economía más respetuosa con el ambiente, pero su impacto depende de que se integren en un sistema coherente y robusto: con recolección diferenciada, procesos industriales eficientes y consumidores informados.

El desafío está en evitar que estos envases se conviertan en una “falsa solución” que tranquilice conciencias, pero no resuelva el problema de fondo. De hecho, para lograrlo, se requiere un esfuerzo coordinado entre:

  • Gobiernos: establecer marcos regulatorios claros, invertir en infraestructura de compostaje y garantizar la fiscalización.
  • Empresas: rediseñar cadenas de valor, educar al consumidor y apostar por innovación en materiales realmente sostenibles.
  • Ciudadanía: informarse, reducir el consumo de desechables y participar activamente en la separación de residuos.

Elegir envases biodegradables es un avance, pero sin sistemas adecuados que respalden su uso, la transición hacia un modelo de consumo responsable seguirá incompleta. La sostenibilidad empieza en la decisión diaria de qué consumimos, pero se consolida solo cuando hay políticas, infraestructuras y compromisos colectivos que convierten esa elección en un verdadero cambio de rumbo.

El Ministerio de la Producción está proponiendo la adopción obligatoria de la certificación de biodegradabilidad por parte de un OCP en su propuesta de modificación de la normativa (Reglamento Técnico de Bolsas) a fin de contribuir eficazmente a la reducción de la contaminación por plásticos. Un paso importante, sin duda. Se esperan novedades en setiembre próximo.