Hemos adoptado la economía circular como un mantra. Nos aferramos a la idea de que podemos seguir consumiendo siempre y cuando reciclemos lo suficiente. Que podemos cerrar ciclos sin consecuencias. Que, de alguna forma, la materia y la energía pueden regenerarse indefinidamente. ¿Pero qué pasa si todo esto es solo un espejismo?
Si la economía circular fuera la solución definitiva, ¿por qué la extracción de recursos sigue aumentando exponencialmente? Si cada año hablamos más de cerrar ciclos, ¿por qué seguimos abriendo más minas, expandiendo industrias y generando más residuos de los que podemos manejar?
¿Nos estamos engañando colectivamente?
La paradoja de la circularidad
Cada material reciclado pierde calidad. Cada ciclo consume energía. La segunda ley de la termodinámica nos dice que la entropía siempre aumenta. Nada regresa a su estado original sin pérdidas. Y, sin embargo, seguimos hablando de una economía “circular” como si pudiéramos desafiar las leyes de la física con suficiente voluntad política y tecnología.
Si solo el 7.2% de la economía global es circular, como indica el Circularity Gap Report 2024, ¿qué nos hace pensar que podemos escalar esto hasta el 100%? ¿Realmente creemos que podemos cerrar todos los ciclos? ¿O estamos simplemente posponiendo una conversación mucho más incómoda sobre límites reales?
Economía circular: ¿nueva narrativa, mismo problema?
Durante años, nos dijeron que el desarrollo sostenible nos permitiría crecer sin destruir. Ahora, nos dicen que la economía circular nos permitirá seguir extrayendo y consumiendo sin culpa, porque los residuos se convierten en insumos. Pero la pregunta sigue siendo la misma: “¿Cómo seguimos justificando un modelo económico basado en la extracción infinita dentro de un planeta finito?”.
Nos han enseñado a hablar de eficiencia, pero no de suficiencia. De reciclaje, pero no de reducción drástica. De innovación tecnológica, pero no de cambiar nuestras expectativas sobre lo que significa vivir bien.
¿Y si la verdadera pregunta no es cómo hacer la economía más circular, sino cómo hacerla menos voraz?
Si la circularidad no es suficiente, ¿qué sigue?
¿Tal vez la pregunta más incómoda no es si la economía circular puede funcionar, sino qué hacemos cuando aceptamos que no es suficiente?
- ¿Qué pasaría si en lugar de querer cerrar ciclos, empezamos a diseñar sistemas que minimicen la necesidad de ciclos?
- ¿Qué industrias tendríamos que reducir radicalmente en lugar de simplemente “hacer más sostenibles”?
- Si realmente creemos en la regeneración, ¿estamos dispuestos a enfrentar lo que implica regenerar en serio, más allá de la retórica?
Tal vez el problema no es la falta de soluciones. Tal vez el problema es que no queremos asumir las respuestas incómodas que esas soluciones nos darían.
#theDarkChallenge
Esta semana, no preguntes cómo hacer tu industria “más circular”. Pregunta qué parte de la ecuación estamos evitando por completo. Pregunta qué modelo económico haría irrelevante la economía circular. Pregunta qué pasaría si en lugar de buscar eficiencia, buscáramos límites.
Porque si seguimos aferrándonos a la idea de que la circularidad nos salvará, tal vez estamos perdiendo la oportunidad de imaginar algo realmente distinto. ¿Estás listo para cuestionarlo?
