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Ilustración: OpenAI

El reloj del clima ya marca tiempo de descuento

El mundo llegó a la COP30, que se celebra en estos días en Brasil, con una verdad incómoda: el Acuerdo de París está en riesgo de incumplirse… de convertirse en una promesa vacía y una realidad muy, muy, caliente.

Fecha de publicación: noviembre 13, 2025

Tiempo de lectura: 6 minutos

Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el 2023 fue el año más caluroso jamás registrado, con una temperatura media global de 1.45° C por encima del nivel preindustrial. A esto se sumó un 2024 con anomalías térmicas aún mayores y un 2025 que ya comenzó marcando el enero más cálido de la historia. La ONU advierte que la probabilidad de que el período 2025-2029 supere de forma sostenida los 1.5° C ya es 70%. Es decir, el mundo se está calentando más rápido de lo que los líderes acordaron evitar.

La ciencia ha sido clara: limitar el calentamiento global a 1.5° C —meta central del Acuerdo de París— no es una aspiración simbólica, sino una línea de defensa. Superarla significa amplificar olas de calor, incendios, lluvias extremas, pérdida de glaciares y aumento del nivel del mar. Cada décima de grado importa.

Sin embargo, la trayectoria actual del planeta apunta a un incremento de entre 2.5° C y 3.1° C para finales de siglo, según el Emissions Gap Report 2024 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

El primer Balance Global (Global Stocktake), adoptado en la COP28, reconoció oficialmente que los países no cumplieron las reducciones de emisiones prometidas antes de 2020. Las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), aún con sus actualizaciones, no bastan. Los compromisos actuales cubren solo una tercera parte del esfuerzo necesario para mantener vivo el objetivo de París.

Una pastillita para bajar la fiebre

En ese contexto, el Perú, representado por el Ministerio del Ambiente (MINAM), participará en la 30ª Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP30), que se realizará del 10 al 21 de noviembre de este año en Belém do Pará, Brasil.
La delegación peruana presentará la actualización de las medidas nacionales ante el cambio climático consignadas en las NDC, que localmente conocemos como Nuestro Desafío Climático.

Estas son un total de 150 soluciones —84 de adaptación al cambio climático y 66 de mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero— que el Perú ya está implementando desde el 2018 y que fueron presentadas ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Cabe mencionar que el Perú aporta menos del 0.4% de las emisiones globales de CO₂.

Lee el artículo en Sustenia: ¿Por qué el Perú debe priorizar la adaptación climática antes que la mitigación?

Además, durante la COP30, el Perú apoyará una serie de propuestas clave como el Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF), una iniciativa internacional de financiamiento que otorga incentivos económicos por hectárea conservada en países amazónicos, dentro de ellos nuestro país. Asimismo, el MINAM presentará los avances del Registro Nacional de Medidas de Mitigación (Renami), el primero en América Latina, que fortalece la integridad y transparencia de los mercados de carbono; y genera confianza para atraer inversiones sostenibles.

También se dará a conocer la importancia y uso de la herramienta AdaptAcción, que es una aplicación pionera en América Latina y el Caribe. Esta funciona en una versión sin conexión para garantizar su uso en áreas con conectividad limitada, y facilitará a las empresas la identificación de riesgos climáticos y la priorización de medidas de adaptación.

Es más, como parte de los principales avances en materia climática, la delegación peruana podrá exponer los alcances e impactos del Paquete País (Country Package), que cuenta con el apoyo de Canadá y el PNUD, para movilizar recursos técnicos y financieros que fortalezcan la acción climática en la Amazonía peruana.

Asimismo, compartirá los avances del Programa REDD+ Indígena Jurisdiccional (RIJ), una experiencia pionera que reconoce el rol de los pueblos indígenas en la mitigación del cambio climático a través de la gestión sostenible de más de 7 millones de hectáreas de bosques.

Mientras tanto…

El mundo sigue apostando por los combustibles fósiles. El Production Gap Report 2025, elaborado por el PNUMA, el Instituto de Medio Ambiente de Estocolmo (SEI) y Climate Analytics, alerta que los gobiernos planean producir en 2030 un 120% más de carbón, petróleo y gas de lo compatible con un escenario de 1.5° C. En otras palabras, estamos excavando el agujero que intentamos salir.

La Agencia Internacional de Energía (AIE) lo resumió con contundencia: “En una ruta de cero emisiones netas al 2050, no se necesitan nuevos proyectos de carbón, petróleo o gas”. Sin embargo, la inversión global en exploración fósil creció un 6% en el 2023, alcanzando niveles que contradicen los compromisos asumidos en París.

El fenómeno de El Niño 2023-2024 intensificó temporalmente el calentamiento, pero los registros muestran que las temperaturas permanecen altas incluso al volver a condiciones neutras. Es una señal inequívoca: ya no hablamos de variabilidad natural, sino de una tendencia estructural impulsada por gases de efecto invernadero que alcanzaron niveles récord en la atmósfera.

La falta de preparación también cobra vidas

Entre 2015 y 2024, el número de países con sistemas de alerta temprana multiamenaza se duplicó, pero el 40% del planeta sigue sin protección adecuada, según la OMM. Este déficit deja a millones de personas expuestas a huracanes, inundaciones y olas de calor que podrían evitarse con una inversión mínima en prevención, en general, en proyectos de adaptación al cambio climático.

El secretario general de la ONU, António Guterres, ha sido categórico: “El límite de 1.5° C no es una cifra aleatoria. Es el umbral entre un futuro manejable y el caos climático”. De hecho, cada año de inacción multiplica los daños económicos, erosiona la seguridad alimentaria y profundiza desigualdades.

Aún hay margen de maniobra

El desafío no es técnico ni económico: es político. Cumplir el Acuerdo de París es decidir si queremos un planeta habitable o una promesa fallida escrita en el calor; cumplir París, según los expertos, exige tres medidas inmediatas, mientras el reloj avanza:

  1. Actualizar las metas al 2030 lo antes posible, alineándolas con la ciencia del IPCC.
  2. Detener la expansión de combustibles fósiles, sustituyéndola por inversión masiva en energía limpia, eficiencia y almacenamiento.
  3. Aumentar el financiamiento para adaptación, especialmente en países vulnerables, asegurando cobertura universal de alertas tempranas antes del 2027.

La COP30 en Belém do Pará es quizás la última oportunidad política de esta década para corregir el rumbo. Si los Gobiernos mantienen su actual inercia, la humanidad habrá firmado su propia obsolescencia climática.