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Ilustración: Fox Broadcasting

EE.UU. fuera de Belém: el vacío político que reconfigura la conferencia climática global

La COP30 en Belém se desarrolla sin la presencia del presidente Donald Trump ni de una delegación oficial de Estados Unidos.

Fecha de publicación: noviembre 18, 2025

Tiempo de lectura: 4 minutos

Según reportó The New York Times, el Gobierno estadounidense decidió no enviar representación formal, pese a que líderes de Reino Unido, Francia, Alemania, Kenia, Tailandia y Paquistán sí confirmaron asistencia. También señaló que China, Australia, Turquía e Indonesia optaron por no enviar a sus jefes de Estado. La ausencia norteamericana destaca por su peso climático y económico.

The New York Times recuerda que cuando Trump anunció el retiro de EE.UU. del Acuerdo de París, líderes globales condenaron la decisión. Las consecuencias ya eran visibles antes de Belém: Estados Unidos es el segundo mayor emisor histórico de CO₂, según estimaciones de Global Carbon Project (2024) y es la primera economía mundial, por lo que su retirada afecta tanto la diplomacia como las trayectorias globales de reducción de emisiones.

Por su parte, la Agencia Internacional de Energía (IEA) estima que EE.UU. debería reducir alrededor del 50% de sus emisiones hacia el 2030 para alinearse con un escenario de 1.5° C. Sin embargo, bajo la administración Trump, las políticas federales se han movido en sentido contrario.

El vacío político tiene efectos inmediatos

La ONU reportó en su NDC Synthesis Report 2024 que, incluso si todos los países cumplieran sus compromisos actuales, el mundo se dirige a un calentamiento de 2.5 a 2.9° C para finales de siglo. Sin un actor con la capacidad de presión diplomática y financiera de EE.UU., acelerar compromisos es más difícil.

Además, el Climate Action Tracker calcula que el rezago estadounidense ha generado un déficit anual de entre 800 y 1,000 millones de toneladas de CO₂ frente a su trayectoria compatible con el Acuerdo de París.

La ausencia también tiene impacto financiero.

Históricamente, EE.UU. ha sido uno de los principales aportantes al Fondo Verde para el Clima. Bajo las administraciones que han recortado contribuciones, el déficit acumulado supera US$ 2,000 millones, según la OCDE (2024).

En Belém, donde la agenda incluye financiamiento para adaptación, pérdidas y daños, y mecanismos como el TFFF, ese vacío se siente. Brasil y la Unión Europea han encabezado esfuerzos para sostener la arquitectura financiera, pero sin la participación estadounidense la escala es insuficiente.

En términos geopolíticos, la retirada abre espacio para que otros bloques ganen influencia. La Unión Europea reforzó su liderazgo regulatorio, China avanzó en acuerdos bilaterales y los países amazónicos utilizaron la COP para posicionarse como actores centrales en la agenda de bosques y biodiversidad. India aprovechó para cuestionar medidas comerciales como el CBAM europeo y reclamar mayor equidad en el reparto de cargas climáticas. La reconfiguración del tablero no implica que el vacío se llene completamente, pero sí que la arquitectura climática se mueve hacia una multipolaridad más explícita.

¿Y América Latina?

La ausencia estadounidense tiene efectos mixtos para la región latinoamericana. Por un lado, reduce el financiamiento disponible para transición energética y adaptación. Por otro, acelera la coordinación Sur-Sur y refuerza mecanismos como el Tropical Forests Forever Facility (TFFF), que en Belém reunió más de US$ 5,500 millones en compromisos iniciales. Países amazónicos —entre ellos el Perú— ganan protagonismo al presentar sus bosques como activos globales que requieren pagos estables por servicios ecosistémicos.

El análisis del The New York Times es claro: la decisión política de ausentarse no solo es simbólica, debilita la capacidad global para mantener el límite de 1.5° C. En un año donde 2023, 2024 y 2025 registran temperaturas récord, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la falta de liderazgo estadounidense complica el ritmo de la transición.

La COP30 continúa, pero lo hace con una pregunta pendiente: ¿puede el régimen climático avanzar con un actor clave mirando hacia otro lado? El vacío no detiene las negociaciones, pero obliga al resto del mundo a reconfigurar prioridades y asumir responsabilidades que antes estaban distribuidas de manera distinta.