El encargo otorgado a Edelman por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha reactivado el debate global sobre la influencia de las agencias de comunicaciones en la política climática. Al respecto, el portal Climate Home News informó que esta agencia ganó un contrato de US$835,000 para ayudar a Brasil en la estrategia mediática de la COP30.
Según The Nation, Edelman ha mantenido durante décadas contratos con compañías de combustibles fósiles, como Shell, mientras asesora a organismos multilaterales en temas ambientales. Es más, un artículo publicado en The Guardian señala que Edelman trabajaba para un grupo comercial brasileño acusado de impulsar la derogación de regulaciones ambientales en la Amazonía.
El portal Climate Home News informó que Edelman defendió su nombramiento diciendo que no violaba las reglas de conflicto del PNUD.
¿Moldeando consentimientos?
El artículo en The Nation subraya que, en general, la comunicación se ha convertido en un instrumento que define las fronteras del debate público. “Las historias moldean el consentimiento, construyen legitimidad y determinan lo que es políticamente posible”, señala. De acuerdo con esta fuente, la capacidad de fijar el marco narrativo introduce riesgos de captura discursiva en un momento en el que las emisiones globales continúan aumentando y los compromisos del Acuerdo de París muestran retrocesos.
De hecho, el greenwashing contemporáneo no se está limitando a declaraciones simples y superficiales, sino que viene utilizando estrategias sofisticadas de posicionamiento reputacional. Son conocidas las campañas globales y en el Perú que se han utilizado para mostrar a grandes petroleras como líderes climáticos mientras expanden su producción o comercialización, un esfuerzo descrito por algunos expertos como “ingeniería reputacional”. Esto cuestiona la integridad de los mensajes que se promueven en en los espacios multilaterales, como en la conferencia climática global, y también en eventos sobre sostenibilidad, en general. Porque no se puede argumentar la pretensión de unir al mundo para combatir el cambio climático mientras se representa a las corporaciones que lo alimentan. Y para el Perú, no se puede alegar propósito y sostenibilidad cuando representas a empresas que contaminan, no remedian sus pasivos ni asumen sus responsabilidades sociales y ambientales.
Otro punto crítico identificado en este debate es la escasa visibilidad de comunidades de primera línea. The Nation afirma que las narrativas impulsadas desde los grandes centros de poder tienden a minimizar la experiencia de los pueblos indígenas y de los territorios vulnerables, pese a que son quienes enfrentan los impactos más severos del calentamiento global. Ante ello, las comunidades indígenas lideraron una gran manifestación en Belém para exigir medidas urgentes por la justicia climática antes del inicio de la cumbre climática. Cabe mencionar que fue la primera gran acción de protesta que se lleva a cabo en la conferencia climática desde 2021, ya que los últimos tres países anfitriones (Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Azerbaiyán) prohibieron las protestas en el marco del evento.
Sin duda, esto genera una brecha entre el discurso internacional y las realidades locales, especialmente en regiones como la Amazonía.
La controversia también alcanza a la propia ONU
La decisión de contratar a agencias que han tenido o tienen como clientes a empresas de las industrias intensivas en carbono podría erosionar la percepción de neutralidad institucional. En un contexto de desconfianza creciente, esta relación puede afectar la credibilidad de las negociaciones climáticas.
Una carta abierta firmada por más de 60 activistas e “influencers” en el portal Clean Creatives pidió a la ONU y al gobierno de Brasil que retiren a Edelman del rol de comunicaciones del COP30, debido a estos supuestos conflictos de interés.
La COP30 se desarrolla en un clima global de escepticismo y termina este viernes 23. La pregunta planteada por los medios de comunicación y los activistas sintetiza una preocupación central: “¿Quién tiene derecho a contar la historia de la crisis climática?”.