Por primera vez, un grupo de 12 países firmó en Belém la Declaración sobre Integridad de la Información Climática, un documento que reconoce que la manipulación digital, el negacionismo organizado y la publicidad engañosa están retrasando la acción climática casi tanto como los combustibles fósiles.
La evidencia es contundente
Estudios del IPCC y del Reuters Institute muestran que la desinformación climática ha aumentado más de 200% desde 2015, alimentada por redes de cuentas automatizadas, campañas políticas polarizadas y empresas energéticas que financian contenido disfrazado de “información neutral”. En Estados Unidos y Europa, investigaciones parlamentarias han documentado estrategias coordinadas para desacreditar ciencia climática, sembrar dudas sobre eventos extremos y minar la confianza pública en regulaciones ambientales.
Belém obliga a poner este problema en el centro. La declaración firmada plantea tres líneas de acción: fortalecer regulaciones sobre publicidad ambiental engañosa, exigir a plataformas tecnológicas políticas claras contra contenido falso y promover sistemas nacionales de verificación científica.
Los países firmantes han sido tajantes: la desinformación climática no es “debate”, es un ataque directo a políticas públicas que buscan reducir emisiones y proteger a poblaciones vulnerables.
El Perú no estampó su rúbrica
La ausencia del Perú entre los firmantes abre un debate incómodo. Mientras el país impulsa herramientas como el RENAMI —que requieren confianza pública—, seguimos sin una política nacional de integridad informativa. Los vacíos actuales permiten que circulen campañas que niegan la relación entre deforestación amazónica y emisiones, cuestionan la validez de los compromisos climáticos o promueven falsas soluciones sin sustento técnico. Este ecosistema alimenta decisiones regresivas y bloquea reformas necesarias.
Expertos presentes en Belém, como la asesora de la ONU Charlotte Scadden, han sido claros: “La desinformación climática es sabotaje climático”. Asimismo, Timmons Roberts, investigador de Brown University, advierte que la transición energética no fracasará por falta de tecnología, sino por falta de confianza social. En un país como el Perú, donde la polarización y la informalidad definen buena parte de la esfera pública, el riesgo es mayor.
El debate que abre la COP30 es urgente: el mundo necesita actuar no solo contra gases de efecto invernadero, sino contra los mecanismos que distorsionan la información climática y retrasan decisiones. La desinformación no es un ruido de fondo; es un actor político que moldea la opinión pública, influye en elecciones y condiciona inversiones.
Belém propone un camino. Falta saber cuántos países —incluido el Perú— estarán dispuestos a enfrentarlo sin cálculos políticos.