Caminaba con mi amigo Manolo por las calles de una ciudad del interior del país, después de haber dado una conferencia ante un grupo de jóvenes estudiantes universitarios. Estábamos conversando sobre la complejidad de los seres humanos, ya que muchas veces intentamos corregir conductas de terceros, pero omitimos o tomamos muy pocas acciones en lo personal o en nuestro comportamiento laboral. Yo le recordaba a Manolo que criticamos y lapidamos a los personajes públicos que no conocemos cuando son denunciados por casos de corrupción pero que nos hacemos de la vista gorda cuando se trata de algún amigo nuestro o de nuestro entorno.
¡Así es, Toño!, decía Manolo mientras soltaba una sonrisa cómplice. Ese gesto, de inmediato, me llevó de regreso mental a la primavera del 2022. Llegué a la CADE Ejecutivos en Paracas. Recordé una inolvidable frase del fallecido expresidente de Chile, Sebastián Piñera, durante su presentación en el evento empresarial: “la mejor arma contra la corrupción es la transparencia en todas las actividades que haces“. Y si notamos actuaciones no transparentes en personas o empresas es porque algo esconden. Manolo insistió: No en vano existe una frase de sabiduría popular: “cuentas claras, amistades duraderas”.
De inmediato vino a mi mente otra frase, una que escuché decir más de una vez a mi amigo Juan Miguel Cayo, Country Manager de Grupo Energía Bogotá: “Cuando no sepas qué hacer, has lo correcto”. Juan Miguel me dijo que aprendió esta frase del fallecido ex ministro de Energía y Minas, Jaime Quijandría. Se la mencioné a Manolo y la conversación se hizo más entretenida.
Así, ambos empezamos a proponer ejemplos de situaciones para aplicarla. Yo puse el primero: imagínate que nos encontramos en un viaje de trabajo y no sabemos cuánto es el monto asignado por alimentación, ¿te irías, Manolo, a cenar a un restaurante de costo medio o al más caro de la ciudad? Me miró sin pronunciar palabra alguna y agregué otro más: “Estás con un cliente en un almuerzo de negocios, ¿pedirías una copa del vino de la casa o pedirías el vino más caro de la carta?”.
Como la conversación se hizo muy intensa con las situaciones que nos planteamos cada uno, en cuanto a la ética en el ámbito personal y profesional, decidimos ir a la biblioteca de la universidad donde había dado la conferencia. Allí buscamos el diccionario de la Real Academia Española para buscar la definición de la palabra ética. Manolo lo encontró y me lo leyó: “Conjunto de principios y normas que rigen la conducta humana, relacionados con el sentido del bien y del mal”.
Salimos de la biblioteca para ir a tomar un café a seguir con nuestra interesante conversación. Le comenté a Manolo que las dos frases anteriores que había compartido con él y la definición de ética resaltan para mi gusto lo importante que es, para la convivencia en una sociedad, actuar con transparencia y de manera correcta siempre.
Porque cuando hablamos de convivencia en sociedad no solo estamos hablando de las personas de manera individual sino, también y principalmente, de las empresas, cuyo impacto es mucho mayor, según el tamaño que tengan. Tengamos en cuenta que para crear un buen ambiente empresarial y que las empresas tengan una opinión positiva por parte de los distintos grupos de interés en la sociedad, es necesario que las mismas actúen con transparencia y tengan siempre una actuación correcta.
Manolo intervino en ese momento y me dice: “Está claro que las empresas existen para generar ganancias para sus propietarios, producir bienes o servicios, generar empleo, pagar impuestos, entre otros, pero esto no las exime que tengan siempre que actuar con transparencia y corrección”.
Luego me pregunta: “¿A qué vas con todo esto, Toño? ¿Qué es lo que te inquieta tanto?” A lo que respondí: “Muchas veces siento que grandes empresas, que generan miles de empleos y pagan millones de impuestos, cuando tienen que enfrentar un problema, en vez de actuar con transparencia y actuando de una manera correcta, prefieren esconder las cosas debajo de la alfombra, evitando al máximo pronunciarse sobre los problemas en los que están envueltos”.
Añadí, las razones que mencionan en la mayoría de los casos estas empresas con pasivos es que hacen esto por consejo de sus “abogados”. Y la verdad, Manolo, es que me resisto a creer que un abogado competente o un buen asesor de comunicación va a recomendar a una empresa ocultar las cosas por más que se esté en un proceso legal; para mi gusto esto ocurre por el pensamiento equivocado que evitando hablar de algo las cosas se van a arreglar por si solas.
Manolo me señala: “Todo lo anterior, para mi gusto, origina que las empresas muchas veces no sean vistas de manera positiva por distintos grupos de interés porque infieren, con este tipo de actuaciones, que el único fin es generar ganancias a los propietarios y el resto de las cosas que hacen no tienen mayor relevancia; por eso la gente en general desconfía de las empresas, por su falta de transparencia”.
Y finalizo diciéndome: “¿Queremos una mejor sociedad? Empecemos en casa o por nuestras empresas, actuando de manera transparente y correcta, y no ocultando las cosas o evitando hablar de temas ‘pesados”’ para las empresas”.
