¿Por quién vas a votar, ah?

Una reflexión sobre el buen gobierno corporativo y esa posición empresarial que dice “nosotros no nos metemos en política”.

Eduardo Herrera

Eduardo Herrera Velarde

Director de la Defensoría Nacional Anticorrupción

Fecha de publicación: octubre 31, 2025

Tiempo de lectura: 4 minutos

Ahora que ya se acerca el fin de año habrá muchas reuniones y ocasiones para juntarse con los amigos y familiares. Pretextos nunca faltarán. Y luego de los saludos y temas coloquiales que cada grupo tiene en común (la salud de un familiar, el chisme del amigo, etcétera), caeremos en un silencio perturbador que podría ser roto por alguna conversación respecto al clima o al tráfico. Y ya agotado esto, inevitablemente, llegaremos a la política nacional.

La interrogante

“¿Por quién vas votar?” es la pregunta que siempre temo porque en principio es reduccionista y hasta cierto punto facilista. Bastaría con decir un nombre que la persona que pregunta quiere escuchar y listo. Ahí quedaría zanjada la cuestión. Después de ello pasaríamos a sobarnos las espaldas dándonos motivos para seguir con nuestras creencias comunes.

“Sí, ese es el mejor candidato porque bla, bla, bla”. La cosa parece simplificarse a tres variables que han guiado recientemente la vida política nacional: 1) tiene posibilidades de ganar porque está en los primeros lugares, 2) me conviene que gane y/o 3) piensa como yo.

Aun así, pienso que hay una gran oportunidad en todo esto y mucho de ello depende de nuestra clase empresarial.

Partiendo de que al Estado lo sostenemos todos con nuestros impuestos —ya sea manera directa o indirecta— es claro y evidente que el dinero que es presa de la corrupción viene de nuestros bolsillos. Es decir, es a nosotros a quienes nos meten la mano. Y, desde luego, las empresas —también directa o indirectamente— son las que canalizan, pagan y sostienen al mecanismo estatal.

Esta afirmación que parecería ser clara y evidente no lo es tanto. De otra manera no se justifica que votemos tan mal; porque… votamos mal, ¿no? ¿O no lo cree así?

Más dudas

Una respuesta —también bastante simple— es que hay que dar más información al elector, pero eso tampoco parece haber movido mucho la aguja. Desde hace varias elecciones hay profusa información respecto de muchos aspectos de la vida pública (y no tan pública) de los candidatos… y nada, mucho sigue igual. Parece que tenemos más interés en tener información cuando vamos a comprar un celular o un televisor que cuando vamos elegir a alguien que tendrá incidencia en nuestros destinos.

La experiencia de haber trajinado varias elecciones hablando de candidatos y sus “antenas”, trayectorias y, en algunos casos, prontuarios, me ha llevado al convencimiento de que es crucial ir un paso más atrás. La pregunta del millón ya no debería ser ¿por quién vas a votar? Sino más bien ¿por qué?

¿Por qué deberías interesarte más en votar mejor? Luego de eso viene el buceo entre la información, distinguiendo la falsa de la sesgada y decantando en la objetiva. Sin un votante responsable y consciente seguiremos hablando de cómo nos acercamos al abismo retando la peruanidad de Dios (y de nuestro papa por supuesto).

¿Entramos en política?

Ahora bien, ¿qué tiene que ver el empresario en esto? Bueno, lo primero es dejar esta neutra —cobarde— posición de que “nosotros no nos metemos en política”. Precisamente porque las empresas no se meten en política es que estamos como estamos. Esto no quiere decir inmiscuirse en el activismo o en la militancia, porque la “cosa pública” que representa la política es un asunto —hoy más que nunca— inexorable e imprescindible.

El rol de la empresa es comunicar, sensibilizar, motivar, porque es un canal de comunicación de primer nivel. Las personas, más allá de sus casas, pasan mucho tiempo en sus trabajos (que son usualmente empresas). Eso sin contar a los proveedores y terceros. La empresa tiene mucho poder de comunicación. Haciendo números gruesos, hay empresas que bien podrían poner a un congresista, cuando menos.

Así, en la próxima conversación que usted tenga amigo empresario, no se distraiga en los pormenores del nombre o la propaganda. Si hace su rol podrá sentirse satisfecho de que está contribuyendo al país más allá de una simple pregunta.