El Perú es uno de los principales productores mundiales de cobre. Solo en el 2024 produjo más de 2.7 millones de toneladas métricas finas, según cifras oficiales del Ministerio de Energía y Minas, y durante el 2025 (hasta noviembre) acumuló 2.5 millones, 2% más que el año anterior. Ese cobre que exportamos es indispensable para redes eléctricas, energías renovables y electromovilidad. Pero junto con ese metal viajan otros elementos menos visibles y cada vez más estratégicos.
Uno de estos es el telurio, un metaloide -esencial para el funcionamiento de las pantallas táctiles, de la fibra óptica, de las baterías de los vehículos eléctricos, de la fabricación de paneles solares e incluso utilizado en algunos tratamientos contra el cáncer- que el Perú genera, pero casi nunca reconoce.
Sostenibilidad más allá del impacto ambiental
El telurio no se explota como mineral primario. A nivel global, más del 90% del telurio se obtiene como subproducto de la refinación electrolítica del cobre, concentrado en los llamados lodos anódicos.
Desde el punto de vista ambiental, su presencia en concentrados no añade impactos relevantes. El punto crítico es otro: sostenibilidad también es gestión eficiente del valor del recurso. Exportar concentrados sin identificar ni valorizar subproductos estratégicos implica una pérdida económica silenciosa que no aparece en balances ESG ni en estadísticas públicas.
«Exportar concentrados sin identificar ni valorizar subproductos estratégicos implica una pérdida económica silenciosa»
Transición energética sin política industrial
El telurio es un insumo clave para la tecnología solar y para los materiales termoeléctricos usados en eficiencia energética. Se estima que la producción mundial anual del metaloide es de entre 550 y 650 toneladas, con precios de mercado que en los últimos años han oscilado entre US$ 80 y US$ 120 por kilo, dependiendo de la pureza.
El Perú no figura como productor oficial de telurio porque no lo reporta como tal, aunque contribuye indirectamente al suministro global a través del cobre que exporta.
La transición energética global se beneficia; la estrategia industrial local, no.
«El Perú no figura como productor oficial de telurio porque no lo reporta como tal, aunque contribuye indirectamente al suministro global»
¿Dónde se refina? (y ¿dónde se pierde?)
En el Perú, la única infraestructura con capacidad técnica clara para recuperar telurio sería la refinería de cobre de Ilo, operada por Southern Peru Copper, según expertos en minería consultados por Sustenia. Allí la electrorefinación puede generar lodos anódicos ricos en selenio y telurio.
Históricamente, el país ha recuperado selenio en ese complejo; el telurio sigue una lógica metalúrgica similar, aunque su producción no se publica de forma sistemática. Por otro lado, el Complejo Metalúrgico de La Oroya tuvo capacidades para metales menores cuando estuvo en manos del Estado y, según el Bureau of Mines de Estados Unidos, Centromin Perú producía telurio allí a finales de la década de los setenta.
En contraste, la mayor parte del telurio asociado al cobre peruano se recupera fuera del país, en fundiciones de Chile, Asia o Europa, que es hacia donde se exportan los concentrados producidos en las minas peruanas.
«según el Bureau of Mines de Estados Unidos, Centromin Perú producía telurio a finales de la década de los setenta»
¿Cuánto telurio podría estar saliendo del país?
En la cadena del cobre, el telurio aparece como elemento traza (aparece con el mineral en cantidades muy bajas) y se concentra progresivamente a lo largo de los procesos metalúrgicos. El Bureau of Mines, del United States Department of the Interior, en Mineral Facts and Problems, publicado en 1980, indica que la recuperación potencial de telurio asociada a la producción de cobre puede alcanzar alrededor de 0.13 libras por tonelada de cobre producido, es decir, cerca de 65 gramos por tonelada métrica, cuando existe refinación.
En el caso peruano, donde una parte significativa del cobre se exporta como concentrado, el contenido de telurio presente en esos flujos suele estimarse en rangos más conservadores, del orden de 5 a 30 gramos por tonelada de concentrado, dependiendo del yacimiento y del esquema de procesamiento.
Aplicando esos rangos a los volúmenes exportados por el país, estimaciones técnicas sugieren que el Perú podría estar enviando al exterior entre 80 y 150 toneladas anuales de telurio contenido, que luego se recupera aguas abajo, fuera del territorio nacional. A precios internacionales recientes, ese volumen equivale a un valor bruto potencial de entre US$ 7 y US$ 15 millones por año. No es una magnitud capaz de mover el PBI, pero sí suficiente para sostener capacidades metalúrgicas locales, empleo técnico especializado y acumulación de conocimiento industrial, hoy mayoritariamente capturados fuera del país.
Gobernanza, fiscalidad y riesgo ESG
El telurio no aparece de manera explícita en estadísticas mineras regulares ni en la base de cálculo de regalías, administrada por la SUNAT, porque no se desagrega como subproducto. No hay ilegalidad: el marco fue diseñado para metales principales. Pero la omisión tiene consecuencias. En un contexto de creciente escrutinio sobre materiales críticos, trazabilidad y cadenas limpias, la incapacidad de explicar qué ocurre con estos subproductos se convierte en un riesgo de gobernanza y reputación, tanto para el Estado como para las empresas.
«El telurio revela hasta qué punto el Perú sigue exportando minerales sin capturar inteligencia»
El telurio no es un escándalo ambiental ni una historia de corrupción. Es un síntoma. Es una señal temprana. Revela hasta qué punto el Perú sigue exportando minerales sin capturar inteligencia, valor ni narrativa estratégica… sin mirar la película completa. En la transición energética, el verdadero desafío no es solo producir más cobre, sino entender y gobernar todo lo que viene con este metal que extraemos de nuestras minas.