El crecimiento de la demanda de alginato en los mercados asiáticos ha transformado el litoral peruano en un escenario de alta materialidad ambiental, social y de gobernanza (ESG). Lo que inició como una actividad de subsistencia para comunidades costeras se ha convertido en una presión extractiva que amenaza los ecosistemas marinos. Este fenómeno expone una brecha crítica en la trazabilidad de recursos y la urgencia de transitar hacia un modelo de economía azul sostenible.
«Lo que inició como una actividad de subsistencia para comunidades costeras se ha convertido en una presión extractiva que amenaza los ecosistemas marinos»
Boom del alginato y deforestación
El motor económico detrás de la presión sobre las macroalgas es la demanda global de alginato, un polímero natural utilizado como espesante en las industrias cosmética, farmacéutica, textil y alimentaria, la cual va en aumento. Según la Superintendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria (SUNAT), las exportaciones peruanas de algas pasaron de 3,000 toneladas en 2003 a más de 50,000 toneladas en 2022.
A diferencia del Atlántico y el Caribe, donde el sargazo actúa como una especie invasora que asfixia los litorales, en el mar peruano el sargazo y otras algas pardas —como el huiro (Macrocystis pyrifera) y el aracanto (Lessonia trabeculata)— son especies nativas esenciales. Estos bosques submarinos funcionan como sumideros de carbono y albergan biodiversidad crítica, siendo responsables de una parte significativa del oxígeno oceánico y sirviendo como zonas de desove para la pesca artesanal.
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«A diferencia del Caribe, donde el sargazo es una plaga invasiva que asfixia las playas, en el Perú es una especie nativa que cumple funciones vitales»
El desafío de la fiscalización y el “barreteo” ilegal
El marco regulatorio peruano es estricto. Desde 2009, el Ministerio de la Producción (PRODUCE), mediante el Decreto Supremo N.° 011-2009, prohíbe el arranque o “barreteo” de macroalgas desde el fondo marino, autorizando exclusivamente la recolección del recurso que vara de forma natural en la orilla.
Sin embargo, los altos márgenes comerciales -la alta demanda china paga hasta US$ 500 por tonelada de sargazo, según Orihuela- han incentivado la extracción ilegal mediante el uso de barras metálicas, ganzúas y compresoras de oxígeno para arrancar las algas de raíz, destruyendo el ecosistema de una sola pasada, tal como lo evidencia la investigación realizada por Roberth Orihuela para Convoca y Connectas (“La ruta ilegal de las algas marinas en Perú”).
«La fiebre asiática con sus altos márgenes comerciales han incentivado la extracción ilegal del sargazo»
Los impactos ecológicos y las discrepancias de volumen son tangibles. Por un lado, pescadores artesanales de Arequipa reportan en la investigación de Orihuela la desaparición de barquillos, lapas, choros y pulpos de sus caletas. Es más, el Instituto del Mar del Perú (IMARPE) confirma una caída drástica en la biomasa de algas: en la zona de Quilca, la cantidad de ejemplares por metro cuadrado pasó de 25 en 2007 a solo 7 en 2018.
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Y la evidencia forense es escalofriante: en Mollendo, se ha determinado que no varan más de 100 toneladas de algas al año, pero los extractores declaran hasta 400 toneladas, según IMARPE. El “blanqueo” del recurso ilegal es una práctica consolidada.
OSPAS: éxito comunitario y economía del cuidado
La Organización de Productores de Algas de Paracas (OSPAS), en la Reserva Nacional de Paracas, constituye un referente de valor compartido. Inicialmente estigmatizadas, las recolectoras organizadas procesan entre 10 y 15 toneladas mensuales de algas pardas, consolidando su autonomía financiera y mejorando la calidad de vida de sus familias, tal como lo evidencia una investigación de Ramiro Escobar, publicada en Mongabay (“La recolección de algas en Perú empodera a las mujeres pescadoras de Paracas”).
No obstante, las características de la recolección manual —dependiente de las mareas y con jornadas que se extienden desde la madrugada hasta acampadas de una semana— entran en conflicto directo con la economía del cuidado.
Según especialistas de la World Wildlife Fund (WWF) y directrices de ONU Mujeres, la asignación desproporcionada de las responsabilidades domésticas y familiares actúa como una barrera estructural que limita el acceso de las recolectoras a programas de capacitación técnica, gobernanza y gobernabilidad gremial.
Extensión de la amenaza y oportunidades
La vulnerabilidad ecosistémica no es un problema exclusivo de Arequipa o Ica. Los reportes de varazones del IMARPE confirman la presencia de macroalgas comerciales en regiones como La Libertad y Lima, incluyendo la Reserva Nacional San Fernando. Ante un litoral expuesto a variaciones térmicas por el cambio climático, la falta de fiscalización descentralizada eleva el riesgo de degradación ambiental generalizada.
Pese a los riesgos, el sargazo procesado bajo estándares de sostenibilidad ofrece una transición viable de residuo a activo de economía circular:
- Ecoconstrucción. Desarrollo de bloques constructivos con sargazo, logrando reducciones de costo de hasta 30% frente al concreto convencional, por ejemplo, en México.
- Innovación agrícola. Elaboración de bioestimulantes y fertilizantes orgánicos respaldados por iniciativas como el proyecto regional SargMarine, liderado por la Corporación Andina de Fomento (CAF) con una inversión de US$ 10 millones.
- Alta cosmética. Extracción de compuestos bioactivos como alginatos, fucoxantina y floroglucinol para el mercado dermatológico.
- Energía. El biogás obtenido del sargazo elimina el 100% de las emisiones de CO2.
Textiles y calzado. Empresas como Renovare Ocean producen zapatos ecológicos con fibra de sargazo y PET reciclado.
«La falta de fiscalización descentralizada eleva el riesgo de degradación ambiental generalizada»
- Restricción de Materialidad Sanitaria. Debido a la capacidad de las macroalgas para bioacumular metales pesados como el arsénico, los proyectos de aprovechamiento deben alinear sus procesos con los estándares de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), limitando su uso en la industria alimentaria directa.
Hacia una agenda de gobernanza ambiental
A nivel global, el sargazo ha dejado de considerarse un residuo para convertirse en materia prima de alto valor comercial dentro de la economía circular.
Para consolidar el potencial del sargazo en el Perú, el Estado debe fortalecer la institucionalidad del sector. Se requiere una articulación liderada por el PRODUCE y el Ministerio del Ambiente (MINAM), enfocada en implementar sistemas de trazabilidad digital desde el punto de varazón hasta el puerto de exportación. Asimismo, la fiscalización de las rutas de transporte terrestre por parte de las autoridades competentes es indispensable para neutralizar el blanqueo de biomasa ilegal.
La sostenibilidad de las costas peruanas depende de la capacidad de transformar una cadena extractiva informal en una industria formal, inclusiva y con debida diligencia ambiental. El sargazo puede ser un motor de desarrollo comunitario o el reflejo de la pérdida de nuestro capital natural; la respuesta regulatoria y comercial definirá ese destino.